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28 jun 2018

Jericoacoara, un año nuevo en Brasil

Lagao do Paraiso

Jijoca de Jericoacoara, o simplemente Jeri, es muy famoso por su naturaleza prístina, bellas playas, ríos y lagunas. Muchos turistas vienen a visitar este lugar de difícil y restringido acceso. Hace 20 años no había electricidad ni carreteras asfaltadas para llegar hasta aquí. Actualmente son miles los viajeros que recibe este tranquilo pueblo, antaño solo de pescadores, y que hoy es mundialmente conocido por el kitesurf y windsurf, los deportes más practicados en la zona, aun así, el pueblo no ha perdido su encanto y tranquilidad.

Y precisamente esa tranquilidad es la que buscan los visitantes de Jeri, nos han dicho que este “paraíso nordestino” se repleta de gente durante carnaval y las festividades de fin de año, pero no por las fiestas como se podría pensar, aquí viene la gente que quiere escapar del ruido y el bullicio de los carnavales, Jericoacoara es un lugar para estar tranquilos. 


En cierta forma, eso hace que sea más exclusivo. Jijoca de Jericoacoara es uno de los destinos turísticos más costosos en los que hemos estado. Los alojamientos, la comida, la cerveza, absolutamente todo cuesta un 50% más que en otros lados, y más del doble justo en año nuevo, que es la fecha en la que nosotros llegamos a este bello lugar.

Ruta hacia Jijoca de Jericoacaora

Necesitábamos un lugar donde pasar el año nuevo en Brasil, unos amigos nos pusieron en contacto con el Maestre Ávila, reconocido moto viajero y maestro de Capoeira que tiene una casa grande en Jijoca de Jericoacoara, ahí alquila cuartos tipo hostal. A los motociclistas les hace un precio especial, pero si acampan o duermen en hamaca, no cobra nada, además hace clases gratuitas de Capoeira a los niños del pueblo. Es una gran persona con un gran corazón, de sonrisa alegre, amante de la cerveza, de la comida y las buenas historias. 

Aunque nuestro portugués ha mejorado, al comienzo fue un poco difícil comunicarnos con él, pues su acento es muy diferente al que ya habíamos comenzado a acostumbrarnos. Esto es algo normal en Brasil, ya que el país es tan grande, que los acentos son muy variados, incluso a los brasileños les cuesta entender los diversos acentos. 

El terreno del Maestre Ávila es bastante grande, hay buena sombra y está todo limpio y dispuesto. Buscamos un lugar que nos diera la sombra todo el día para armar nuestra carpa, lejos del gigantesco árbol de mangos que está en el amplio patio de la casa. Es época de mangos y este delicioso fruto cae todos los días de tan maduro que está. Susan es la más contenta, ama el mango y todos los días cosecha algunos que se come muy animosamente.

En este momento hay un chileno alquilando uno de los cuartos, lleva bastante tiempo aquí, se llama Patrick y es todo un personaje, uno de aquellos que crees que solo encontraras en los libros, y que para contar su curiosa y trágica historia, se necesitaría un libro entero. 

Almorzando con el Maestre Avila y su esposa

Inmediatamente Ávila nos invita a conocer la Lagoa do Paraiso, es probablemente una de las lagunas más bellas que hemos visto, su color turquesa y arena blanca la hace un sitio imperdible. Alrededor de la laguna hay muchos hoteles y restaurantes, cada uno tiene una serie de sillas de playa, reposaderas y hamacas de colores metidas dentro de la laguna para pasar el día en estas cálidas y cristalinas aguas, disfrutando de una cerveza bien helada. 



Ralajandonos en Lagao do Paraiso

El paisaje es único, el contraste de las aguas con las arenas blancas da la impresión de estar en el mar del caribe. Pero la gente local nos cuenta algo muy triste, la laguna se está secando. Jijoca lleva más de 8 años de una sequía profunda, precisamente ahora debiese estar lloviendo, sin embargo, hemos tenido solo días de sol radiante. Esta sequía ha hecho que el nivel del agua halla bajado considerablemente. 8 años atrás, la beira da lagoa, estaba a media cuadra del terreno del maestre, y se podía llegar caminando. Hoy hay que trasladarse en moto para llegar allá. Los terrenos que antes estaban llenos de agua ahora son ocupados por grandes pastizales a la espera de que el clima se reestablezca.

Ese día almorzamos con el Maestre y otros amigos de él, quienes nos brindaron varias cervezas. Adicionalmente a Susan le salió un buen trabajo, intercambió algunas fotos por un almuerzo en el restaurante, pero no era un almuerzo cualquiera, fue uno de los más exclusivo que hemos comido. Todo muy delicioso. 

En lo personal, me fascinó esta experiencia y visitar esta laguna, aunque Susan y yo no apreciamos mucho el turismo del tipo "sol y playa", pero este lugar nos regaló algo diferente. Aun así, necesitábamos un poco de aventura, así que nos fuimos a buscar la famosa playa de Jericoacoara. 

Ávila nos dijo que el acceso era difícil para ir en moto, que mejor pagáramos una camioneta 4x4 para ir. Sin embargo el valor de la camioneta es de 60 reales por persona (12 mil pesos chilenos), una locura!! Vimos un mapa, y el tramo desde el pueblo hacia la playa es muy corto, así que decidimos ir en moto. Como es cerca, nos aventuramos solo en una de nuestras Falcon Rockeras. Y como vamos a la playa, dejamos todas las protecciones en la carpa, fuimos solo con traje de baño, toalla y casco. 

Los primeros metros fueron muy sencillos, adentrándonos entre unos caseríos tipo aldea, con exuberante vegetación por un camino de tierra en mal estado, pero que para la moto no implicaba ningún desafío. Ponto llegamos a una senda de adoquines muy meteorizados, por lo que el transito para vehículos de 4 ruedas estaba prohibido, solo las motos podíamos circular. Varias motos iban delante y detrás de nosotros, hasta ahí, tránsito normal. 

El problema llega unos kilómetros antes de la entrada del Parque Nacional Jericoacoara, donde la arena se torna muy blanda y pantanosa. Hasta ahí llegaron todas las motos pequeñas. Desde ese momento, solo iban las motos enduro con neumáticos especiales para la ocasión. Justo en ese cruce habían varios brasileros, esperando no sé que la verdad, pero todos nos alentaban a seguir, recomendándonos que le quitáramos aire a las ruedas para continuar por ese camino de arena suelta. Nuestra ávida curiosidad nos obliga a hacerles caso, e intentar realizar ese trayecto. Lo intentamos una, dos tres veces apunto de caer y apenas pude contener la moto en esas arenas tan blandas que parecían movedizas. Al lado nuestro pasaban las camionetas 4x4 y una que otra moto enduro. Luego vino un tramo de arena dura, listo, pensé, lo peor ya pasó. Pero me equivoqué, porque justo en la curva estaba lo peor, mucha arena suelta que frenó en seco nuestro avance, y zaz! al suelo. 

La caída, como ocurre usualmente, fue en cámara lenta, y también a baja velocidad, así que, pese a no llevar protecciones, no sufrimos ni siquiera rasmillones. Sin embargo el pie de Susan quedó aprisionado con la maleta izquierda, y le lastimó el empeine. 

Levantamos la motocicleta e inspeccionamos los daños, por fortuna la moto no tenía nada, solo un poco de arena, pero a Susan le dolía mucho el pie. Sigan, sigan nos decían, falta poco y no es tan caro... -Como así tan caro?. Claro, hay que pagar entrada al parque y estacionamiento, según nos informan los que iban pasando. Era pasado el medio día, si íbamos a pagar una entrada, que no es barata, queríamos aprovechar todo el día en el parque.

Así que decidimos volver, Susan con lo valiente y aguerrida que es, se aguantó el dolor. Cuando llegamos a la casa de Ávila, el pie de Susan se había hinchado como una gran empanada de horno chilena. Y al día siguiente fue peor, tanto que ya no le entraba la bota. Solo quedaba tomar anti-inflamatorios y reposo. 

Mientras yo la cuidaba y hacía todo para que ella no tuviera que moverse, llegó el año nuevo. Lo celebramos muy tranquilos, tal como lo celebran acá. Ávila y su familia se fueron a otra playa para poder observar los fuegos artificiales y vivir una fiesta más animada, pues nos dicen que aquí nadie celebra de forma ferviente. Y era cierto, cenamos con Patrick y vimos desde el patio de Ávila los breves fuegos artificiales que lanzaron desde la plaza. 


Compartimos algunas cervezas y fuimos a la plaza para ver si había algún evento, pero tal  como nos habían dicho, la gente estaba tranquila en sus casas. Apenas circulaban algunos jóvenes en las calles, todos tranquilos y vestidos de blanco, todos sobrios y sin ambiente de fiesta. Siempre imaginamos que un año nuevo en Brasil significaría descontrol, pero no, fue todo lo contrario, y fue bueno. Un momento de reflexión, una paz y tranquilidad en lo vertiginoso que suelen ser las fiestas de fin de año. Esta vez estábamos juntos, agradeciendo todo lo que hemos visto, lo que hemos vivido, y con un poco de nostalgia por la familia que está lejos.  

Sólo veníamos a pasar el año nuevo, pero nos quedarnos algunas días más esperando la recuperación de Susan. Mientras tanto, volvimos a la Lagao do Paraiso y descubrimos que había otro camino, completamente asfaltado para ir a playa Prea, desde la cual se podía llegar a la playa principal de Jeri yendo siempre por la arena mojada y por tanto más endurecida. Dicen que el atractivo principal de esa playa es llegar hasta una duna muy famosa, de difícil acceso, para ver el atardecer.


Playa Prea, en Jeri

¿Y qué tiene de especial este atardecer?. Bueno, acá estamos en el océano Atlántico, por lo que el sol no se oculta en el mar como estamos acostumbrados a verlo en el Pacifico. Sin embargo, en este punto en particular si se puede contemplar la puesta de sol en el mar, y es el único punto de Brasil continental donde ocurre esto, por eso vienen los brasileros de todos lados a ver ese espectáculo, un atardecer en el mar. 



El otro gran atractivo son los deportes de viento, el horizonte se llena de pequeñas velas y tablas volando en el aire, pues aquí es a donde viene gente de todo el mundo para practicar windfurf y kitesurf. Pasamos una hermosa tarde, recostados al sol y refrescándonos en las aguas Océano Atlántico.

Ya con el pie de Susan recuperado, nos despedimos alegremente del Maestre Ávila y su familia, con algo de nostalgia, por dejar este bello y tranquilo lugar. Ávila nos invita a volver, a pasar una temporada completa acá y aprender bien Capoeria, para mi sería un sueño, pues practiqué Capoeria hace unos años en Chile, y siempre quise hacerlo en Brasil. Así que me prometo a mi mismo volver, un día debo volver a Jericoacoara, uno de esos lugares inesperados, que pese a no ser lo que buscábamos, nos cautivó y enamoró, sin dudas un lugar muy especial.

Camino a Canoa Quebrada, el próximo destino de la Expedición en Moto


En este clima de fin de año donde se extraña más que nunca a la familia, les agradecemos la preocupación y por estar siempre pendiente de nosotros y el viaje.

Agradecemos también a Relieve, Honda Colombia, Honda Brasil, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, Cooper Motos, ProCircuit, y Moto-K.

24 may 2018

Los Lençóis Maranhenses

Antes de llegar a Jericoacoara, lugar donde pasamos el año nuevo en Brasil, debíamos pasar por Barreirinhas, otro pueblo en el que el turismo está comenzando a explotar de forma desenfrenada por ser puerta de entrada a los Lençóis Maranhenses, un lugar que promete ser una de las maravillas de la naturaleza más importantes de Brasil y el mundo.


Caminando por las dunas

Salimos desde Sao Luis junto a una pareja de motociclistas brasileros, quienes vienen desde Belem tomándose unas vacaciones en moto. Leandro y Mariam, él viene en una Teneré 250, y ella en una scooter. Para Mariam es el primer viaje “largo” que realiza, y viene a su ritmo, pero fascinada con la experiencia. En Barreirinhas nos estaba esperando Jesús, quien nos ofreció alojamiento a los cuatro, así que ese día compartimos ruta hasta su casa. 

Jesús y su familia nos acogieron como si todos fuésemos familiares cercanos, nos brindaron un espacio en su casa. Tuvimos la oportunidad de compartir con ellos en este clima de fiestas de fin de año y conocer más a su padre, quien es un gran músico, nos deleito con unas canciones en portugués de Roberto Carlos y otros artistas, cada canción la cantó con su estilo, con su encanto, y nos transportó en el tiempo, los cabellos se nos erizaron, aun hoy, mientras escribo estas líneas me hace sentir una nostalgia que no logro identificar en un tiempo y un espacio indeterminado, pero el sentimiento, profundo y agridulce está ahí, como algo placido que extrañas, que echas de menos, algo que te hacía feliz y ya no está, una cierta añoranza que no puedo explicar.



Disfrutando de una inolvidable serenata

En este pequeño y tranquilo pueblo, el turismo está recién creciendo, pronto el gobierno deberá hacer algo al respecto porque el uso del lugar es indiscriminado. El principal atractivo son las lagunas de colores turquesas que se acumulan en medio de este candente desierto, porque sí, en el norte de Brasil también hay desierto.

La vía de acceso es muy complicada, ya que el “camino” va por sinuosas dunas de arenas blancas que suben y bajan hasta llegar a las lagunas. Solo se puede ir en vehículo 4x4 o cuadrimoto. Hay gente que se aventura a pie, pero son varios los km que hay que recorrer bajo el abrasador sol del desierto maranhense.

Esta no es la mejor época para visitar los Lençóis, pero decidimos aventurarnos de todas formas, dicen que la mejor temporada es después de las intensas lluvias, entre junio y septiembre, la peor época es de diciembre a marzo, justo ahora. Leandro nos ayudó a negociar el ticket con las agencias de turismo que hacen esta ruta, como él es brasileño, no le costó nada negociar el precio para los cuatro, en cambio como nosotros no hablamos bien portugués, a veces nos quieren cobrar un poco más caro.  

Consiguió un precio de 60 reales por persona en las camionetas 4x4 especialmente acondicionada para esta travesía. No suena tan caro, son unos 12 mil pesos chilenos cada uno, pero acá 60 reales debe ser el equivalente a 30 mil pesos chilenos, y debido a que no hablamos el idioma no hemos podido hacer charlas ni conferencias, por lo que nuestros recursos se están acabando rápidamente en Brasil.

El viaje desde Barreirinhas dura unas 4 horas ida y vuelta considerando bastante tiempo para recorrer las dunas y las lagunas. Aunque nos dieron la posibilidad de ir en la mañana o en la tarde, la agencia nos recomendó ir en la tarde para ver el atardecer. También nos aconsejaron llevar una merienda ligera debido al intenso calor y mucha agua. El bloqueador solar es obligatorio, al igual que un gorro para cubrirnos del sol y lentes oscuros. Yo agregaría también camisas o poleras de manga larga, el sol realmente quema mucho debido a la blancura de sus arenas que reflejan el sol como estar en la nieve.



Para entrar al parque hay que cruzar un río en barcaza, tanto el valor del cruce como la entrada al parque están incluidas en el ticket. La diversión comienza inmediatamente ya que la barcaza es bien precaria y suben varias camionetas con sus respectivos pasajeros. Una vez que ya estamos en la otra orilla, la aventura se vuelve más vertiginosa, pues las camionetas se mueven a alta velocidad cuando el espacio lo permite, haciendo que parezca una verdadera una montaña rusa entre las dunas.





Antes de llegar a espacio abierto, comenzamos a dejar atrás esta vegetación que rodea las dunas y las lagunas

El espacio es amplio, por lo que cada una de las camionetas elige una huella diferente para circular. No es un desierto completamente árido como el que estamos acostumbrados, hay algunos árboles y vegetación a nuestro alrededor, de baja altura pero lo suficientemente espesa para aislarnos del resto de los vehículos que se dirigen a los Lençóis, entre los árboles se pueden ver claramente los surcos de otros vehículos 4x4, haciendo que sea muy fácil seguir el rastro en la arena. Luego de unos cortos y saltarines minutos, vemos la aglomeración de camionetas y jeep esperando a los turistas, hemos llegado al punto donde nos debemos bajar y continuar la exploración a pie.



Es temporada baja y no ha llovido hace más de un mes, sin embargo hay muchas camionetas y mucha gente que viene a descubrir lo que se nos promete, imagino que en temporada alta debe estar atiborrado de gente, quizás no se puede ni transitar por las blancas dunas que nos enceguecen debido al brillo del sol.

Es fácil saber hacia donde caminar, pues toda la gente se mueve como una gran serpiente en la arena, de allá para acá, lentamente a medida que los pies se hunden en la suave arena. Hasta ese momento aun no estoy impresionado, pero ha sido divertido y una sonrisa se dibuja en mi rostro, pese a que las fotos de la agencia eran demasiado buenas y en otra época, hasta ahora no se ven los colores de los afiches. El guía nos dedica unas palabras que son fáciles de entender, normas de seguridad, el horario de regreso, protegerse del sol e hidratarse mucho. Pues en este momento quedamos más o menos libres, de ir hacia donde queramos y recorrer las dunas a nuestras anchas.

La decepción viene rápidamente, no solo por la gran cantidad de gente que tenemos delante, sino porque las lagunas están casi completamente secas, por lo que no podemos verlas en su esplendor como esperábamos, pero era una situación esperable por la época. Nos metemos un rato al agua a ver si se nos pasa “la maña”, pero esta tan baja que no llega ni a las rodillas.






Nos quedamos un rato sentados en la arena, contemplando lo que vemos, como la gente y los niños se revuelcan en esas aguas bajas, haciendo que sea casi lodo. Y es que los brasileños son muy descomplicados y poco prejuiciosos, son sencillos y disfrutan lo simple.

Precisamente este era uno de nuestros mayores temores, perder la capacidad de asombro. Después de haber visto tantos desiertos, tantas dunas, tantos ríos, lagos, mares, cascadas, selvas y experiencias extremas, tu mente y tus ojos dejan de impresionarse.

Pasan algunos minutos, Susan y yo apenas cruzamos palabras, y el guía nos pregunta si queremos salir a caminar, inicialmente le digo que no. Leandro sale del agua y Mariam dice que se quedará cuidando las cosas, que no tiene ganas de caminar. Leandro decide ir con el guía a caminar por las ardientes dunas, unos 30 minutos para averiguar si la otra laguna tiene más agua. Calculo, media hora de ida, y media de vuelta caminando en el intenso calor, ¿solo para ver si es que hay otra mejorcita? Al comienzo no estuve de acuerdo y Susan dudó. En pocos segundos evaluamos mientras el guía se alejaba con un puñado de gente. ¿Qué es mejor, quedarnos aquí sentados el resto de la tarde, o vamos a ver que hay más allá?

Nuestra curiosidad nos gana, la mayoría de la gente se quedó en la primera laguna, y muchos más se quedaron en la segunda al ver que estaba completamente seca. Pareciera que entre más lejos íbamos, más seco estaba todo, los árboles también desaparecieron.

La primera grata sorpresa, no fueron 30 minutos, fueron solo 15 o menos, y la segunda sorpresa, fue la formas de las dunas, caminar entre ellas nos dejaba ver algo de vegetación que volvía a aparecer a lo lejos, y la forma sinuosa que tienen los ríos cuando hay lluvias, sin dudas nuestro ánimo comenzó a cambiar. Y finalmente la recompensa, esta laguna sí tenía más agua, al menos hasta la cintura, era más amplia y rodeada de árboles pequeños. 

Esta laguna es llamada la Lençóis Preta, ya que a diferencia de las demás, sus aguas no son de color turquesa, sino oscuras, y se encuentra rodeada de vegetación, según nos dice el guía es la única laguna que permanece con agua todo el año.





Nos sacamos la ropa para meternos a nadar, el agua estaba fresca pero no fría y nos llegaba hasta la cintura, algunos peces pequeños se acercaron a inspeccionarnos y a mordernos de vez en cuando, se ve que Susan es más sabrosa que yo, pues los mosquitos siempre la prefieren a ella, y esta vez los peces también. Las refrescantes aguas se llevaron el calor que sentíamos y también se llevaron gran parte de nuestra decepción. Pero lo que cambió realmente nuestro ánimo y nos hizo saltar como niños fue ver algo de fauna. Una serpiente, grande, una de las más grandes que hemos visto, pasó a escasos centímetros de nosotros, el guía se queda lejos pues dice que es venenosa, lamentablemente no recuerdo el nombre.






Que alegría haber venido con el guía, haber escuchado esa vocecita que siempre nos invita a ir un poco más allá. Haber recorrido un poco más del parque y habernos maravillado con estas vistas. Sin dudas los lugares muchas veces los hace la gente, pero muchas otras, los haces tu mismo, tu propio ánimo. Y en esta ocasión el ánimo fue in crecendo.

Regresamos al punto de llegada para ver el atardecer y reunirnos con Mariam, no tuvo los colores rojos que pensé, pero sí un amarillo encendido en el horizonte furioso. Quizás no fue lo que esperábamos, quizás no vimos lo que veníamos a buscar, pero encontramos algo más, algo que esta más allá de la vista, y recuperamos la capacidad de asombro en algo tan sencillo, pensamos que no valía la pena haber ido, pero nos equivocamos, valió completamente la pena aquella experiencia. 







Mientras nos alejamos en las camionetas, el atardecer comenzó a cambiar de color y el cielo se encendió de color azul y púrpura, una despedida hermosa para una experiencia hermosa. Sabemos que algún día deberemos volver a visitar esta zona en una época más propicia, pues sin duda lo que ofrece este lugar es único.

Doy gracias a Dios, a la Vida, al Universo como dicen los hippies de ahora, al Viaje y a mi hermosa aventurera Susan, por estar viviendo todas estas experiencias juntos, compartir este estilo de vida que hemos elegido con la persona que amo, realmente es invaluable.

Los invito a seguir nuestras aventuras y descubrir qué fue lo que ocurrió en Jericoacoara, porque tuvimos que quedarnos más tiempo del planeado, y cómo fue el año nuevo en Brasil!!


Rumbo a Jericoqoara

Agradecemos a nuestros amigos y familiares, por estar siempre cerca y apoyándonos, sobre todo en esta época de fin de año, de balances y donde se extraña más que nunca a la familia.

Y a nuestros colaboradores; Relieve, Honda Colombia,  Honda Brasil, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.

24 feb 2018

Manaos, en el Corazón del Amazonas

Recorriendo Manaos

Llegar a Manaos era un hito muy importante en nuestro viaje por dos motivos, uno, queríamos conocer el corazón de la selva amazónica, siendo históricamente un lugar muy importante y clave no sólo para el comercio. Y, por otro lado, queríamos intentar visitar la fábrica donde nuestras motocicletas nacieron, Moto Honda da Amazônia.

Manaos es una ciudad en el medio de la selva tropical, la más grande del mundo, fundada por portugueses en los años 1600. El actual nombre es un homenaje al pueblo indígena Manaus que habitó en la zona. Explotó económicamente en la época de la Fiebre del Caucho siendo considerada una de las ciudades más desarrolladas y prósperas del mundo a fines de 1800. 

Hoy es uno de los centros empresariales más importantes de Brasil y América Latina. Aquí se encuentran industrias de talla mundial en las cuales se fabrican desde electrodomésticos de marcas japonesas, hasta artesanía nacional e incluso vehículos tan importantes como Harley Davidson, BMW, Fiat y Honda. Honda da Amazônia, que fue fundada en los años 70, es una de las industrias más importantes del mundo de la marca japonesa que fuera creada por Soichiro Honda bajo el nombre de Honda Technical Reaserch Institute en 1946. 


Las Falcon Rockeras en Honda da Amazônia

Muchos nos han dicho que si llegas a la Honda de Manaos sales prácticamente con moto nueva, sabemos que eso no es verdad, es sólo un mito urbano que le pasó al amigo de un amigo. Hemos hablado directamente con viajeros argentinos que fueron en Falcon a Manaos esperando alguna reparación o cambio de motor, pero como la NX400 es una moto que se dejó de fabricar hace algunos años, sus repuestos específicos no están en producción. 

Antes de salir de Porto Velho, Susan envió un correo preguntando si podíamos visitar la fábrica de Honda en Manaos. Le escribimos al vicepresidente de Honda Manaos y Latinoamérica, Koji Maehara, a quien conocimos en la Feria de las Dos Ruedas en Colombia hace varios meses atrás, ¿no has visto esa historia?, puedes leerla acá!

La respuesta fue muy rápida y sorpresiva pues no solo nos invitaron a conocer la fábrica, sino también planificaron dos días de actividades para nosotros, se comunicaron varios gerentes de distintas áreas para darnos la bienvenida. 

En Manaos alojamos con el Moto Club Almas Livres quienes nos hospedaron en su sede, una casona gigantesca. Acá en Brasil todos, o casi todos los Clubes tienen casa club donde se reúnen y reciben a los amigos y viajeros.


Sede Almas Livres MC y el equipo Honda

El primer día comenzó con la llegada de dos guardaespaldas a la casa club de Almas Livres, los guardias nos condujeron a la Fábrica de Moto Honda da Amazônia donde nos recibieron varias áreas de gerencia, nos hicieron una entrevista en la cual contamos nuestro viaje en el mejor portuñol posible, por fortuna varios de los gerentes sí hablaban español, y nos asignaron a uno de ellos para que nos acompañara siempre y pudiéramos entender todos los procesos que estábamos a punto de ver. 




Contando nuestra aventura en la Fábrica de Honda

El recorrido por la fábrica fue muy interesante, pasamos al área de producción donde vimos paso a paso la fabricación de las motocicletas, debido a que no está permitido sacar fotos ni filmar, contrataron un fotógrafo profesional para acompañarnos los dos días, luego el fotógrafo nos envió las fotos de este episodio tan importante que pasamos en compañía de la familia Honda Brasil. 

En Moto Honda da Amazonía fabrican absolutamente todo, desde los metales para los motores, hasta los plásticos de las motos. En el caso de motocicletas de alta cilindrada como la Africa Twin, el motor viene desde Japón y algunas piezas desde Italia, todo lo demás se fabrica en Manaos. Durante todo el recorrido vemos mensajes muy interesantes de Soichiro Honda colgados en los muros, frases de reflexión, motivación y de mejoramiento orientado a satisfacer al cliente.





Recorriendo Motor Honda da Amazônia

Otro de los legados del fundador del ala dorada lo vimos cuando nos invitaron a almorzar al comedor de los trabajadores, pues todos visten con un uniforme único, para no hacer distinciones de rango, en general todo es muy inclusivo, se respira en el ambiente esa influencia japonesa.



Com el equipo de Honda

El almuerzo era buffet, como es clásico en Brasil, pero teníamos muchas opciones para elegir, al igual que todos los trabajadores, desde lo tradicional brasileño hasta comida nipona, porque aún trabajan algunos japoneses para asegurar que todos los procesos se cumplan con los estándares de la fábrica Honda en Japón. 

Hemos escuchado muchas veces decir que las empresas no regalan nada, que para conseguir apoyo necesitas ser un piloto reconocido o un youtuber famoso. No somos ni lo uno ni lo otro, simplemente somos dos locos con un sueño. ¿Cómo no vamos a estar agradecidos y orgullosos de la marca si cada vez que hemos necesitado algo nos han apoyado? Primero en Chile con el concesionario ProCircuit de Lira, luego Honda Colombia, en todos los concesionarios a través de la ensambladora Fanalca, se preocuparon que no nos faltara nada durante los 6 meses que rodamos en el país cafetero. Y ahora Honda Brasil una vez más hace honor al lema de la compañía, The Power of Dreams.

Después de almorzar nos llevaron al concesionario Honda Cometa Motocenter, pues en la fábrica ya no tienen piezas de la moto, los gerentes nos explicaban que si fuese una motocicleta de producción actual habría sido más fácil realizar ajustes y cambios necesarios a las Falcon Rockeras, por eso nos llevaron a un concesionario para realizar las mantenciones y cambiar algunos repuestos. Sabíamos que era posible conseguir un cambio de aceite, pero ellos fueron más allá. 



Consecionario Honda Cometa en Manaos

Pues con el cambio de aceite cambiaron los filtros, de aceite y de aire, cambiaron algunos pernos que habíamos perdido en el camino, neumáticos delanteros nuevos, cable de velocímetro nuevo para Susan que estaba dañado, e incluso la pieza mas cara e importante que necesitábamos, el tablero digital de Susan que tiene un costo de 1400 reais, 250 mil pesos chilenos. En Chile cuando lo cotizamos el 2016 (se rompió en una caída que Susan tuvo en Tierra del Fuego) costaba 380 mil pesos chilenos. Sin dudas una tremenda ayuda para nosotros. 

Cambio de tablero para la moto de Susan




Mantención completa a nuestras Falcon Rockeras

Como si fuera poco, luego de las mantenciones nos invitaron a cenar esa noche a un restaurante muy muy caro. Nos fueron a buscar en auto (Honda por supuesto) para que pudiéramos beber y degustar distintos licores nacionales. Toda la comida era muy variada y sabrosa. Distintos peces y carnes. El alcohol estrella fue la cachaça. 

Pasamos una velada muy agradable, conversando de motos, de viajes y de las diferencias culturales entre Chile y Brasil, en el mejor portuñol que pudimos. Todos fueron muy amables y simpáticos con nosotros. Es increíble como gerentes tan importantes se dieron el tiempo de ir a cenar con nosotros, que no hemos ganado nada ni somos grandes deportistas, sólo somos dos moto-viajeros más dentro de los grandes aventureros que existen hoy en día. Por eso les estamos muy agradecidos a cada uno de ellos. 

Nos habría gustado hablar portugués en ese momento, para poder comunicarnos más fluidamente con ellos y darles las gracias como correspondía. Hoy ya es muy fácil, pues después de 3 semanas en Brasil logramos aprender lo básico y expresarnos con mayor facilidad.  

Al día siguiente debíamos madrugar nuevamente porque las actividades no se acababan. Nos llevaron a reunimos con otros gerentes para realizar un City tour y llevarnos a una sesión de fotos con el fotógrafo Saulo Nogueira. Fuimos a la Playa Ponta Negra, al Teatro Amazonas y al Puente del Río Negro, uno de los más grandes que hemos visto y uno de los más largos de Sudamérica. Para el almuerzo nos llevaron a un buffet de carnes asadas. Mucha comida y muy sabrosa.  










City tour con el equipo Honda

Después de almuerzo fuimos a un lugar muy interesante. El Centro de Entrenamiento de Transito Honda (CETH) donde realizan muchas actividades, principalmente con niños donde les enseñan la conducción con responsabilidad a través del Clubinho Honda. Ahí también tienen cursos y talleres para adultos que quieran mejorar sus técnicas de conducción tanto On road como off road, para lo cual cuentan con pistas especialmente acondicionadas y un simulador de manejo. Tuvimos una clase exprés y nos explicaron sobre el nuevo sistema de frenos que ha desarrollado Honda.

Se trata de un sistema combinado CBS (Combined Breake System), desarrollado especialmente en Brasil porque la mayoría de pilotos brasileros no usa el freno delantero, es un tema cultural. Sabemos que el freno más importante es de hecho el delantero, entonces los ingenieros de Honda desarrollaron un sistema combinado, cuando se presiona el freno trasero, el delantero también se bombea automáticamente, pero de forma muy leve, haciendo que el frenado sea más efectivo y seguro.








Este fue el primer modelo fabricado en Honda da Amazônia

Centro de Entrenamiento de Tránsito Honda

Realizamos test drive de varias motocicletas, la XRE300, XRE190, Invicta, y la espectacular Africa Twin CRF1000. Una motocicleta mucho mas liviana de lo que se ve, muy cómoda, con mucha fuerza y maniobrable al mismo tiempo. A Susan le quedó muy cómoda la moto, por lo que nos ofrecieron dejar las Falcon y llevarnos la Africa Twin, pero nuestras Falcon Rockeras nos han acompañado por todo Sudamérica y no tienen precio!! (ojalá hubiese ocurrido así, jajaja). 



Test drive Africa Twin

Así terminaron dos días de ensueño con Honda Brasil. Creo que todos alguna vez soñamos con que la marca que elegimos nos apoye, no sólo nos apoyaron, el trato que nos dieron fue siempre muy cordial y cercano, como si fuésemos personas muy importantes o pilotos de la marca. Es una de las mejores formas de fidelizar a los clientes, crear un vínculo con la marca y demostrarnos cuál es el verdadero Poder de los Sueños. 

Estamos enormemente agradecidos de todo el equipo Honda que se esmero en darnos lo mejor durante esos dos días, sin conocernos en absoluto, hasta el día de hoy, aun mantenemos contacto por whatsapp con algunos de ellos. 



Nos despedimos de la familia Honda

Pero la aventura no termina ahí, pues queríamos pasar el fin de semana en Manaos para recorrer otros lugares de la ciudad. Esa noche el moto club Almas Livres se reunió para realizar una actividad a la cual fuimos invitados. Asado, cerveza y rock para terminar dos días maravillosos. Compartimos mucho con ellos aunque el idioma seguía siendo una barrera, pero los brasileros en general tienen mucha paciencia para hacerse entender, hablando más lento y con gestos nos logramos comunicar bien. 

A la mañana siguiente fuimos a averiguar el precio del barco para ir a Belem, no podíamos creer lo caro que estaba el pasaje, todo debido a que pronto sería navidad, pero si esperábamos unos días más sería peor y luego venía año nuevo. Negociamos con distintas personas hasta que fui a negociar directamente con el capitán del barco. Él nos hizo una oferta difícil de rechazar, pero teníamos una hora para embarcar. Los voy a esperar, me dijo. 

Volvimos a la casa club para empacar todo, medio desordenado pues no teníamos nada listo aún, nos despedimos del presidente del club y nos fuimos al barco una hora y media después de la hora pactada debido al terrible tránsito en las calles de Manaos. Cuando llegamos al embarcadero comprobamos que el barco aún estaba ahí…. 

Mientras nos acercábamos al muelle la gente nos llamaba para que entráramos rápido, todos nos saludaban y se hacían a un lado para que pudiéramos atravesar, era obvio que sabían que nos estaban esperando sólo a nosotros, aunque todavía no habíamos pagado nuestro pasaje, que tuvo un costo de 300 reais cada uno de nosotros y 300 cada moto. Mucho más caro de lo que sabíamos que costaba. Y más tarde descubriríamos con pesar que no incluía las comidas, a diferencia del barco anterior que nos llevó a Manaos.

Continuamos por la plataforma cercana al barco como si se tratara de una pasarela, iba feliz saludando a la gente, en eso vi otra moto viajera en la cubierta del barco, era una CRF1000. Yo iba un poco desconcentrado por la suma de emociones en tan poco tiempo, toda la gente gritaba y se despedía de nosotros, Manaos nos daba una calurosa despedida, entonces perdí el equilibrio en la plataforma mojada y me cai… lo más digno posible. Me ayudaron a levantar la moto y por una pequeña plataforma metálica tenía que subir la Falcon Rockera al barco. 

Cuando la rueda delantera tocó la plataforma esta se movió y casi nos caemos al río, pero vino un señor mayor, de unos 60 años y le puso el pie a la plataforma para sostenerla. Gracias a él no me caí con moto y todo al río. Detrás venia Susan acompañada y ayudada por mucha gente, imagino que querían su parte en dinero por “ayudarnos”, no comprendí las palabras, hablan muy rápido y el barullo de la multitud era muy grande, pero los gestos eran elocuentes, sin embargo, la tripulación cerró la puerta y el barco zarpó mientras aun ni me sacaba el casco y Susan ni se había bajado de la moto. 

Así dejamos Manaos, un lugar especial, al que no le pudimos dedicar todo el tiempo que queríamos, cosa que se repetiría posteriormente en algunos lugares de Brasil, pero nos sorprendió y nos dio mucho más de lo que esperábamos. 

En este barco de Manaos a Belem, vamos a recorrer gran parte del Río Amazonas, nuestra mente aun no procesa todo lo que ha pasado en estos días, todo ha sido muy rápido y vertiginoso, desde que embarcamos en Porto Velho hasta ahora, y las sorpresas no acaban ahí, pues el señor que le puso el pie a la plataforma se me acercó a conversar mientras me quitaba el casco y organizaba las cosas. Mi nombre es Tacio, dijo en español, también viajo de moto.- Mi mente hizo el click, usted viaja en la Africa Twin. -Así es.- respondió. Asi comenzamos una amistad con él, Tacio Ulises Sampaio, un moto-viajero brasilero y “Fazedor de Chuva”.

Pero esa historia se las contaremos en la próxima bitácora… 
Conversando con Tacio en la cubierta del barco mientras navegamos el Río Amazonas

Agradecemos a todo el equipo Honda Brasil: Koji Maehara, Estevam Pais, Marco Frazão, Rafael Bruno de Oliveira, Keithy Garcia, Agno Silva, Geilson de Lemos, Casio Nabero, Emerson, Joao Mezari, Ivaldo, Heroldo, Eduardo Assis, Mesquita y a todos los que hicieron esto posible.

A nuestros colaboradores; Relieve, Honda Colombia,  Honda Brasil, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.

Bitácora de Ariel Cantillana R.

Fotografias de Saulo Nogueira.