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14 nov 2017

El Parque Arqueológico de San Agustín

Cuando vimos esa cabaña, pensamos que se trataba de un mal entendido, pues sabíamos que no podríamos pagarla...

Don Armando nos fue a buscar a la entrada del pueblo para llevarnos a su casa.
Natalia de Neiva nos había puesto en contacto previamente con él y nos dijo que tenía una casa en el campo a las afueras del pueblo. Nosotros habíamos asumido que nos dejaría poner la carpa en su terreno, sin embargo la sorpresa fue muy grande cuando llegamos al lugar y vimos las cabañas que tiene para alquilar, pensé inmediatamente: -Esto es un mal entendido, no podemos pagar algo así.

Don Armando muy amablemente nos muestra la cabaña que nosotros íbamos a usar, y sabiendo que no podríamos pagarla le preguntamos cuanto cobraba por las cabañas. 

-50 mil pesos (colombianos).- Fue su respuesta dubitativa, y antes que le pudiéramos decir cualquier cosa, nos dice él: - pero a ustedes no les voy a cobrar, se pueden quedar aquí sin problemas… 

Susan y yo no lo podíamos creer. Son cabañas muy elegantes, bien arregladas y acondicionadas, de verdad un hermoso sueño. Los regalos por el cumpleaños de Susan no paran, y lo más maravilloso, ¡tiene agua caliente de verdad! 

En esa hermosa cabaña pasamos los siguientes días mientras recorríamos los alrededores. Debido a las fuertes lluvias hubo un par de rutas y lugares a los que no pudimos acceder, el barro no dejaba pasar ni siquiera a los 4x4. Sin embargo la mayor atracción de este pueblo es el parque arqueológico, y a ese sí pudimos ir. 

En temporada alta don Armando trabaja como guía de turismo, por lo que conoce a todo el mundo. Nos acompañó hasta la puerta del parque para intentar conseguir que pagáramos un poco menos. Luego de conversar un rato con alguien, nos cobraron solamente 10 colombianos a cada uno, la mitad del precio normal para extranjeros. 






El Parque Arqueológico San Agustín cuenta con baños muy limpios y bien equipados, un museo muy interesante, rutas y senderos bien señalizados y en muy buen estado. Un largo circuito de unas 2 horas aproximadamente que te lleva por el bosque para ir contemplando unas estatuas monolíticas muy grandes, sarcófagos y tumbas que una antigua civilización dejó en este lugar. 






La mayoría de estatuas y sarcófagos están en muy buen estado, es impresionante el misterio y el buen trabajo para esculpir y mover aquellas toneladas de piedra y rocas. Es un recorrido muy interesante, con algunos letreros de información que te cuentan un poco más sobre esta antigua y desaparecida civilización. Este parque arqueológico es uno de los más importantes de Colombia, en 1995 fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.







En el Museo que se encuentra al interior del parque podemos aprender mucho más sobre este lugar, considerado la Necrópolis más grande a nivel mundial. Muchas de sus piezas ya no están aquí, sin embargo hay muchas otras que los ladrones de tumbas no saquearon del todo, y podemos observar lo importante que era la muerte para esta cultura.

Le agradecemos enormemente a don Armando y su hermosa familia por los maravillosos días que nos permitieron pasar en San Agustín, pero antes de seguir hacia Ecuador, hicimos una última parada en Mocoa que se ubica en el Putumayo. 

El Putumayo solía ser una enorme porción de selva virgen, espesa y salvaje, rica en culturas indígenas, flora y fauna, pero también rica en petróleo y caucho. Fue por este último que se desataron conflictos entre los países cercanos, todos querían poseer esa riqueza. Para su extracción deforestaron, esclavizaron y exterminaron a los indígenas de la zona.  La Casa Arana "cazaba" a los indígenas para trabajar en las caucheras, los bajos salarios se iban en arrendar las herramientas para trabajar en el caucho, herramientas que alquilaban a sus mismos patrones y dueños. 

Fueron muchos años de abusos y exterminios. Parte de este abuso han sido relatado en el libro de Mario Vargas Llosa que leemos actualmente, El Sueño del Celta. En él deja de manifiesto las atrocidades cometidas en el Congo, Colombia y Perú.   

Hoy las petroleras siguen hiriendo a la Amazonia, contaminando sus aguas, talando sus árboles, desplazando su fauna y sus tribus, que solo han encontrado refugio en la Reserva de la Biósfera Yasuni en Ecuador, la cual alberga al menos 7 tribus distintas, 2 de ellas no contactadas.

Al llegar a la región del Putumayo la deforestación impacta, no existe esa espesa selva que esperábamos encontrar, por el contrario se ven amplias praderas donde pastan vacas. Con el tiempo la ganadería, junto con la explotación del petróleo, se ha transformado en una de las principales actividades económicas de la región.

Esta deforestación tiene su precio, y recientemente se ha manifestado en desastres naturales que han puesto en el tapete la importancia de cuidar y preservar los ecosistemas.

En febrero de este año, dada las intensas lluvias que azotaron gran parte de Sudamérica, provocando inundaciones y aludes en Perú, Colombia y Ecuador, se dejó ver el problema de la deforestación en el Putumayo. En ese momento un gran alud inundó casi por completo la capital del departamento, Mocoa, matando a centenares de personas y dejando a muchas más sin hogar. Aun se observa parte de esa destrucción en las calles de Mocoa, pero luego de un año de este desastre la gente intenta ponerse de pie y reconstruir sus vidas en ese mismo lugar. ¿Después de todo a donde podrían ir? 

Para nosotros el Viaje Continúa descubriendo nuevos lugares en las Falcon Rockeras. Los invitamos a seguir nuestras aventuras en la selva, donde trataremos de embarcar las motos desde El Coca hasta Manaos. Ya les contaremos en el próximo relato los detalles y los costos. 


Agradecemos nuevamente a nuestros amigos y colaboradores; Relieve, Honda Colombia, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.


Crónica por Susan Arias y Ariel Cantillana.

24 oct 2017

El Desierto de la Tatacoa

Una hermosa noche de acampada en el Desierto de la Tatacoa, Colombia

En Neiva nos estaba esperando Natalia, una chica que es Motoposada en esa ciudad, nuestro amigo Andrés Hincapié de Cali se había puesto en contacto con ella. 

Decidimos dejar a mi Falcon Rockera descansando junto a todo el equipaje, llevamos al desierto sólo lo que necesitábamos para acampar por una noche. Nos han dicho que los sitios atractivos del famoso Desierto de la Tatacoa están cerca uno de otro y que vale la pena ver el amanecer. Aunque nosotros no madrugamos, podemos hacer un excepción. 

Así mismo nos dijeron que el desierto es caro, por lo que llevamos todo comprado desde Neiva, también hay un pueblito pequeño, llamado Villavieja, antes de ingresar al desierto en donde uno se puede abastecer. 

Desde Neiva hasta el Desierto de la Tatacoa hay solamente 45 kilómetros por una ruta que está relativamente en buen estado, aunque hay tramos en los que el camino está roto y "meteorizado" pero son pocos metros. Llegamos justo al atardecer, que debido a la cantidad de nubes no fue especialmente bello. 





Entrando al Desierto de la Tacacoa

En cambio nos dedicamos a buscar donde acampar. En frente del pequeño observatorio que está instalado en el desierto, se encuentra uno de los lugares más atractivos, el sector denominado Cuzco, justo ahí hay un camping, el cual tiene una vista privilegiada a esas llamativas formaciones rocosas. Tratamos de negociar el valor pero no tuvimos éxito. Siete mil pesos colombianos por persona en el camping. No es tan caro realmente, aunque no hay energía eléctrica, ni wifi, pero los baños son limpios. También alquilan cuartos y estos sí tienen luz eléctrica. 

Esto fue el 14 de septiembre, el día en que Susan está de cumpleaños, y debido a eso nos vinimos a celebrar al Desierto. La señora del camping también tiene para comer y beber. Como nosotros habíamos llevado para prepararnos unos deliciosos sándwiches, sólo compramos algunas cervezas para brindar por los hermosos y aventureros 29 años de Susan. 

Sin electricidad, sin Internet, y ningún turista o viajero para conversar, aprovechamos el tiempo para nosotros dos. Una vez que la señora apagó las luces de su local, nos fuimos a caminar por el desierto, en ese momento comenzó a despejar, tratamos de reconocer algunas estrellas, pero en este hemisferio son distintas a las que vemos en el sur. 





Conversamos como si hace mucho no nos viéramos, nos confesamos antiguos secretos, planes futuros y sueños venideros. Caminando tomados de la mano y solamente con una linterna frontal, la cual apagábamos a veces, nos amamos en la oscuridad y en la soledad de la noche. Definitivamente una velada para recordar. 

Dormimos muy bien (era que no), y como nunca madrugamos para ver el amanecer, a las 6 am estábamos en pie. Abrir la carpa, encontrarse con la moto y un paisaje de película es simplemente la vida que queríamos, brindamos por esta vida, la que elegimos y no la que nos tocó. 




 Acampando en el desierto

Tomamos varias fotos, en distintos ángulos, la protagonista por supuesto que era Janis Joplin, la Falcon Rockera de Susan. No había mucha gente, eso enriquece la experiencia de los visitantes en todo lugar. Decidimos comenzar por el sector del Cuzco, ya que estamos instalados ahí mismo. 




Una Falcon Rockera muy fotogénica

Realizamos una agradable caminata por un sendero en el desierto que está muy bien señalizado, se ve que han invertido en mejorar la infraestructura del lugar, en este momento es gratis, pero no me extrañaría que pronto comiencen a cobrar, y no creo que sea barato. 

Es muy fácil seguir el sendero, te vas adentrando en un laberinto de aquellas peculiares formas rocosas, talladas por la erosión del viento y del agua. Sus colores rojizos a la luz del sol nos tienen maravillados, con una sonrisa constante por la belleza del lugar que estamos contemplando. E incluso en aquel abrazador desierto, que ya a las 8 am te calcina, puedes ver diversa flora y fauna, de alguna manera la vida siempre se abre paso. 




El Sector del Cuzco, el más llamativo del desierto de la Tatacoa





Caminando entre las peculiares formaciones rocosas del Cuzco

Luego del Cuzco nos fuimos con la moto hacia el sector de los Hoyos, nos dijeron que es otra caminata atractiva para hacer y que hay una piscina en el lugar. Dejamos la moto estacionada llevándonos los cascos. La caminata es corta, una media hora quizás menos, también entre formaciones erosionadas, pero menos atractivas, tanto por su forma como por su color grisáceo no logran cautivar tanto. 

Lo que sí nos cautivó fue llegar a la piscina, cuando nos dijeron que había una, pensamos en un charco de agua con lodo en el desierto, pero en realidad es una piscina con todas sus letras. Cuesta 5 mil colombianos (mil pesos chilenos) por persona. Es muy caro, dijo Susan. Acá el dinero tiene un valor distinto. Le dije, estas de cumpleaños así que vamos. 



Caminando hacia la piscina


Feliz cumpleaños Susan, te amo con todo el corazón!

Tirarse un chapuzón en medio del desierto con el calor que teníamos, realmente no tiene precio y los 5 mil están más que bien pagados. Nos compramos una Coca Cola y pasamos el resto de la tarde chapoteando en la piscina, hasta que llegó un tour de brasileños. En 2 minutos la piscina se había llenado. Decidimos que era hora de continuar. 

Montamos la motocicleta y visitamos el resto de sitios de interés en el mapa, de los cuales la verdad estos dos son los que vale la pena mencionar, aunque el Desierto de la Tatacoa es un gran atractivo en sí mismo, las formaciones del Cuzco son las más impresionantes. 




Nos despedimos del desierto

Pero la celebración de cumpleaños no termina ahí. En Neiva nos estaban esperando algunos chicos para celebrar, claro que de esto Susan no tenía idea. En Bogotá conocimos a Maleja con su novio hace unos meses atrás e hicimos muy buena amistad con ellos, viven en Neiva y son del club Moto Riders Neiva, junto a Juan del Club Honda Neiva le tenían una sorpresa a Susan. Mientras yo la distraje ellos montaron todo con Natalia, una mesa con pastel y algunos regalos, Maleja por su parte también le había llevado una tortita. Muchas gracias amigos por la sorpresa, hicieron que la noche de Susan fuera aún más especial. 





Celebrando a Susan en Neiva

Natalia nos puso en contacto con Don Armando quien vive en San Agustín, el próximo lugar que queríamos visitar en Colombia. Nos dijo que él vive a las afueras del pueblo en el campo, por lo que esperábamos un lugarcito donde poner la carpa. Nuestra sorpresa al llegar fue monumental!! 

No se pierdan la próxima aventura, arqueología en San Agustín y nos despedimos de Colombia saliendo por el Putumayo hacia la selva de Ecuador.

En esta ocasión agradecemos de forma especial a un nuevo colaborador de la Expedición en Moto, pues Cardo Scala Rider nos envió desde Estados Unidos 2 intercomunicadores, los SmartPack Duo. Estamos muy felices con estos nuevos y modernos dispositivos. 

Relieve, Honda Colombia, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.

11 oct 2017

La tragedia de Armero y modo Dakar

Una nueva aventura en Colombia, una travesía épica con un final épico, para lograrlo tuvimos que ponernos 100% en modo Dakar

Los días se nos acaban en Colombia y debemos movernos rápido. También se nos acaba la última prórroga que nos dieron en Chile (nos dan permiso para tener la moto fuera del país sólo por 6 meses, por lo que hemos tramitado prórrogas por Internet con la aduana).

Como vamos más rápido, no hemos contactado motoposadas, pues no sabemos cuando llegaremos al siguiente destino, ni por cuanto tiempo estaremos, así que hemos pagado hostal estos días, cerca de 30 mil colombianos con estacionamiento por día para dos personas. Tunja, Yopal y Villavicencio fueron paradas cortas pero interesantes. 

La ruta por este lado, llamada los Llanos Orientales nos ha gustado muchísimo.  La vía está en muy buen estado, las curvas son entretenidas y permiten tomarlas a más velocidad, y aunque las planicies se extienden hasta el horizonte, hay curvas suficientes para mantenerte entretenido y no dormirse. Las montañas que nos acompañan a lo lejos a nuestra derecha también son atractivas y de vez en cuando en aquella llanura asoman bellos bosques. Ha sido una ruta muy bella y entretenida. 

No hay tantos peajes, es cierto que las motos acá no pagamos peaje, pero da impotencia ver como en casi todas las carreteras de Colombia, que no están en muy buen estado, cobran peaje igual, y no son peajes baratos, además que están ubicados muy cerca uno de otro. Ciertamente un robo.

Con Samuel y su familia, muchas gracias por su cariñosa hospitalidad

En Tunja nos recibió Samuel, amigo de David, el chico con el que ruteamos en Bucaramanga, recuerdan? Él y su bella familia nos invitaron a su casa, no son motoposada y nunca habían recibido a un viajero. Se portaron increíble con nosotros, nos atendieron muy bien. 

Cerca de Tunja está Villa de Leyva, y justo ese fin de semana era el festival de cometas, dicen que es tremendo espectáculo, lamentablemente cuando estaba iniciando el evento, una terrible tormenta nos aguó el carnaval a todos. Por lo menos alcanzamos a sacarnos una foto con la cometa de apertura, no todos los días se ve un dragón gigante volando en el cielo. Mi imaginación me hacía ver a Smaug surcando el firmamento o gritar "Drakaris" mirando fijamente a ver si pasaba algo!!.

Villa de Leyva es un pueblo atractivo y pintoresco, bien colonial


Chimuelo?

No todos los días puedes ver un dragón en el cielo

Para ir de Tunja a Yopal decidimos hacer una ruta interna y poco transitada, nos habían dicho que estaba buena, sin embargo ha sido una de las rutas más desafiantes que hemos hecho. Al comienzo nos parecía muy linda y atractiva, fuimos ascendiendo y ganando altura, sin problemas para nuestras Falcon Rockeras que ya han estado a más de 4.800 msnm y suben sin problemas a 80 y 90 km/h, y eso que son carburadas. 

Ascendimos por la fuerte pendiente admirando el paisaje, a lo lejos se ve una laguna que nos habían mencionado anteriormente, la Laguna de Tota, tiene unos colores muy hermosos. Pero pronto comenzó a nublarse, bajó la temperatura y el aguacero, tan fuerte que apenas podíamos ver delante de nosotros, pronto comenzaron a haber rodados, ríos y cascadas que caían por los ríscos al lado nuestro. Comencé a preocuparme por que el camino también se tornó en muy mal estado. A ratos desaparecía el cemento dando paso al barro, piedras y rocas que nos ponían a prueba.  


Vistas panorámicas de la laguna de Tota

Así fue que llegamos al sector más complicado, un lugar donde están reparando, haciendo o arreglando un puente al lado de un río, el cual en esta ocasión debido a las fuertes lluvias había recobrado su cauce natural pasando por sobre la accidentada carretera. Camionetas, buses y camiones hacían su mejor esfuerzo para realizar ese cruce de río en semejante aguacero. Nosotros esperamos un rato, medimos bien por donde íbamos a pasar, nos pusimos en modo Dakar y aceleramos en segunda para cruzar aquel temible obstáculo. 

Una vez en ese río de agua, barro y piedras nos dimos cuenta que era menos complicado de lo que los camiones lo hacían ver y cruzamos sin problemas, aún con esa lluvia que apenas nos permitía ver por donde íbamos. Logramos llegar bien a Yopal, regateamos un buen hotel y nos dimos una de las mejores duchas calientes que hemos tenido en todo el viaje, lo merecíamos. 


Un río de agua, barro y piedras nos ponían a prueba, victoria para la Expedición en Moto y las Falcon Rockeras

En Villavicencio paramos sólo una noche, mientras regateábamos con el dueño de un hostal el estacionamiento, lo quería cobrar aparte, pero apareció un chico en moto y nos dijo: Como van a pagar hotel, vénganse a mi casa. Y sin saber quien era él lo seguimos. 
-Primero acompáñenme a juntarme con una "amiga" y aprovechamos de cenar. 

Así que nos invitaron la cena, muy simpáticos ambos, nos contaron de su vida y nosotros les contamos del viaje. Resulta que él también es viajero, su nombre es César y nos contó como lo ayudaron muchas veces en su viaje, por eso nos quiso ayudar a nosotros. 

Su casa está saliendo del pueblo, pero muy cerca. Sin embargo pareciera que está perdida entre la selva. La vegetación que rodea su casa es tan espesa que no se ve más civilización alrededor. Incluso los monos llegan a pedir o robar comida a la mismísima ventana de la casa. Qué tremenda sorpresa nos llevamos, un lugar maravilloso. 

En Bogotá nos recibió Rafael, un chico de LAMA Bogotá quien tiene una Vstrom 650. Su novia también es LAMA y tiene una flamante Honda XRE 300, ella es amiga de los Inazumax Bogotá, un club que nos invitó a rodar una noche y una tremenda cena, también nos colaboraron comprando muchas postales, todos nos trataron muy muy bien.

Muchas gracias Rafael y Eli por todo, y ya saben que los esperamos en Chile!



Saliendo de Bogotá hay un pueblo llamado Facatativa, ahí hay un restaurante y motoposada llamada La Placa, dan hospedaje y alimento al viajero. Muchas gracias Diego y Nicole por el apoyo.



En Facatativa, o simplemente Faca, conocimos a este genio. Tremendo talento artístico el de Wilson

La ruta nos lleva a Manizales, pero primero decidimos pasar por el devastado pueblo de Armero, nos han contado muchas historias y queríamos ver de qué se trataba.

En Armero ocurrió una terrible tragedia causada por la erupción del Volcán Nevado del Ruíz en 1985. Se dice que debido a la erupción, se derritió aproximadamente un 10% del glaciar, provocando avalanchas y aludes terribles que devastaron todo a su paso, el pueblo de Armero se ubica a sólo 50 kms del Nevado. 

Pese a que las autoridades habían recibido noticias de la actividad del volcán, la gente no escuchó al alcalde de la época, quién pedía evacuar la zona, dicen que el cura del pueblo llamó a la calma y envió a la gente a sus casas, sin embargo, por si acaso, el buen curita del pueblo se marchó a otro lugar. 



Hoy en día Armero

Así fue que la gente no tuvo oportunidad de escapar, de los 29 mil habitantes que tenía Armero, fallecieron más de 20 mil personas, incluyendo al alcalde. En los pueblos aledaños fallecieron unas 3 mil personas. 

La noticia del desastre dio la vuelta al mundo, en particular fotos y vídeos de la pequeña Omayra Sánchez, quien estuvo atrapada, pero a la vista por tres días hasta que finalmente no aguantó más y falleció. 

Los expertos aseguran que esta es la segunda erupción más mortífera del siglo XX. Una tragedia, que como muchas otras, se pudo evitar, por lo que causó gran controversia y polémica sobre el grado de responsabilidad que tuvo el Gobierno colombiano al no escuchar a los vulcanólogos.

Hoy en día los restos del pueblo están abandonados, quedan un par de estructuras rescatadas de los escombros como recuerdo y en homenaje de las víctimas de aquel fatídico 13 de noviembre de 1985. Aunque Susan y yo no creemos en fantasmas (le tememos más a los vivos), indudablemente hay una energía que inquieta en el lugar, quizás sugestión, pero no pudimos evitar que los cabellos se nos erizaran al recorrer Armero, y eso que no visitamos el hospital psiquiátrico, donde dicen que aún hoy se ven y se escuchan cosas.

Es común encontrar en los caminos montañosos de Colombia estos sectores socavados

Para ir a Manizales decidimos nuevamente tomar una ruta interior que nos llevaría a bordear el Nevado del Ruíz, esta es posiblemente una de las rutas menos transitadas que hemos hecho en Colombia, nadie la conocía, y a todos los que se la mencionábamos, nos indicaban ir por otro lugar pues no sabían en qué estado estaba la vía. Sin embargo aquí no hay guerrilla, por lo que decidimos aventurarnos y conocer esta ruta tan poco visitada, hace mucho que necesitábamos explorar caminos secundarios.

Después de Armero seguimos hacia el Líbano buscando el pequeño pueblo de Murillo. Hasta aquí la ruta esta buena, a veces hay que tener precaución cuando por algunos metros se acaba el asfalto, está en reparación o el terreno está socavado. 

Ya desde Murillo es donde se pone más interesante la ruta. La gente del pueblo nos dijo que eran unos 20 kms rodeando el Nevado, luego venía el asfalto y llegaríamos al pueblito de La Esperanza, desde ahí ya la ruta es todo en bajada y puro asfalto hasta Manizales. 

Ascendiendo hacia Murillo

Último tramo antes de Murillo, la vía continuaba en buen estado

Eran las 4 de la tarde y pensamos que para las 5 ya estaríamos en La Esperanza. Pero no fue así ya que el camino está en muy, pero muy mal estado, impidiendo que pudiéramos circular a más de 30 km/h, a veces íbamos a menos, pues el camino está muy roto, con barro y piedras más parecidas a rocas. Me hizo recordar mucho el paso Roballos en Argentina. 

Y por otro lado, no eran 20 kms como nos habían dicho, a las 5.30 de la tarde ya habíamos hecho 25 kms y estábamos recién alcanzado a visualizar el Nevado mientras el sol se ocultaba detrás de sus cumbres. 

Desde Murillo tuvimos que activar nuevamente el modo Dakar para sortear los obstáculos, aunque esto recién comenzaba

Este fue un tremendo espectáculo, poder disfrutar del Nevado sin nubes fue un momento sublime, sin embargo nos daba algo de tristeza y nostalgia ver sus cumbres tan desnudas. Casi no le queda nieve y su glaciar se ha visto muy mermado. Tomamos algunas fotos antes que el sol se fuera dormir. 

Admirando el nevado del Ruíz con las últimas luces del día

Los minutos pasaban, la luz natural se iba y no llegábamos al asfalto. La temperatura comenzó a bajar y pronto nos encontramos haciendo aquella solitaria vía a más de 4000 msnm de noche. 


Últimas fotos de las Falcon Rockeras con el Nevado del Ruíz antes del anochecer

La naturaleza nos tenía otro desafío, a los pocos minutos comenzamos a escuchar el llamado de la tormenta, los truenos que no estaban muy lejos, y al dar la vuelta en una curva, vimos aquella masa gigantesca de nubes, con luces por todos lados como si fuesen cientos de flashes fotografiando un concierto de rock. 

Sí, íbamos directo hacia la tormenta. Pero no podíamos dar la vuelta, no podíamos volver los 30 kms, que equivalían a más de una hora en esas condiciones, no, debíamos seguir hacia adelante, nuevamente íbamos en modo Dakar.

Admito que yo estaba preocupado y tuve miedo, más que Susan incluso, ya que por mi profesión, soy Guía de Montaña, sé lo rápido que cambia el clima y las condiciones atmosféricas a más de 4000 msnm, y sé como en pocos minutos podíamos tener el camino completamente bloqueado por la nieve si ésta se presentaba ante nosotros.    

Los minutos se hacían eternos, yo trataba de apresurar el paso, 40 km/h y la motocicleta sentía el castigo de la ruta. Sí, es una Falcon 400 multipropósito, pero ese camino era más apto para hacerlo en una tipo enduro, una CRF quizás, sin carga y neumáticos de motocross. Aunque los Sahara 3 de Metzeler se comportaban bien en ese difícil terreno, habría deseado no llevar el equipaje. 

Finalmente la nube nos alcanzó, sumándose un nuevo desafío, conducir con aquella húmeda neblina que lo mojaba todo, comenzó el frío de alta montaña y la escasa visibilidad que nos hizo bajar aun más la velocidad, pues de vez en cuando nos encontrábamos conduciendo directamente al borde del barranco. 

Entonces vino la lluvia, como si escuchar al cielo con su terrible tronar no fuera stress suficiente para nosotros, la batería de mi intercomunicador se murió, quizás por el frío, así que nos quedamos incomunicados, no nos podíamos dar ánimo mutuamente, Susan apenas veía la luz roja de mi motocicleta, yo veía sus luces exploradoras a unos metros detrás de mi en el espejo.  

Comenzamos a bajar, lentamente perdíamos altura, cuando un par de letreros en el camino me confirman lo alto que estamos, 4.100 msnm. Quiero apurarme pero no puedo, el barro, las piedras mojadas y la neblina me lo impiden. 

Y de repente, tan rápido como los relámpagos que se cruzaban delante de nosotros, apareció ella, la más hermosa en ese momento, la carretera asfaltada!! Era como un oasis en medio del desierto, aunque esto no nos aseguraba ninguna victoria, al menos podríamos ir más rápido. A penas entramos al asfalto el cielo se rompió en millones de fríos cristales rotos que nos caían encima sin tregua, comenzó a granizar. 

Susan se puso los guantes de montaña, yo los tenía guardados en las profundidades de mi bolso estanco. No, iba a perder mucho tiempo buscando. Nos pusimos el traje de lluvia y continuamos rápidamente, lo más rápido que nos permitía el asfalto mojado. 

A los pocos minutos vimos un carro que perdió pista y se había ido contra el cerro, yo tenía frío, significa que Susan tenía aun más frío que yo. Ahora no sólo el agua nos impedía tomar bien las cerradas curvas que pasaban por fuera de La Esperanza, habíamos recorrido casi 50 kms desde Murillo, ahora el frío también nos tenía entumidos, torpes, no podíamos maniobrar bien. 

Entonces vimos el primer derrumbe al lado del camino, pero no importa, la pista es ancha y le podemos hacer el quite, dos, tres veces hasta que dimos con uno que cubría toda la pista. Sin embargo un camión había aprovechado que el barro aun estaba blando y había pasado por el lado más bajo y angosto, nosotros seguimos lentamente las huellas que el camión había dejado. Barro blando en asfalto mojado no era buena mezcla, pero pudimos cruzar sin problemas, a muy baja velocidad y con mucha precaución. 

Finalmente, algo mojados, con mucho frío y hambre, llegamos a Manizales. Buscamos un teléfono público para llamar a nuestro contacto. Sí, estamos cansados, pero con la moral en alto, sí, fue un duro camino, pero logramos atravesarlo y salir de la tormenta, fue un día largo, intenso, lleno de historia y de hermosos paisajes, sí, estamos cansados pero el corazón hinchado de alegría. Hoy hemos ganado. 

En la próxima crónica del blog los quiero invitar a Cali donde Honda nos recibió de maravillas, y nos aventuramos hacia el pacífico, a la reserva San Cipriano muy cerca del puerto Buenaventura. Los invito a seguir viajando con nosotros Motografiando al Ritmo del Paisaje.

Agradecemos a las marcas que han creído en nuestro sueño y que de alguna forma se han hecho parte de la Expedición en Moto. 

Relieve, Honda Colombia, Liqui Moly, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.

Crónica por Ariel Cantillana R.