24 may. 2018

Los Lençóis Maranhenses

Antes de llegar a Jericoacoara, lugar donde pasamos el año nuevo en Brasil, debíamos pasar por Barreirinhas, otro pueblo en el que el turismo está comenzando a explotar de forma desenfrenada por ser puerta de entrada a los Lençóis Maranhenses, un lugar que promete ser una de las maravillas de la naturaleza más importantes de Brasil y el mundo.


Caminando por las dunas

Salimos desde Sao Luis junto a una pareja de motociclistas brasileros, quienes vienen desde Belem tomándose unas vacaciones en moto. Leandro y Mariam, él viene en una Teneré 250, y ella en una scooter. Para Mariam es el primer viaje “largo” que realiza, y viene a su ritmo, pero fascinada con la experiencia. En Barreirinhas nos estaba esperando Jesús, quien nos ofreció alojamiento a los cuatro, así que ese día compartimos ruta hasta su casa. 

Jesús y su familia nos acogieron como si todos fuésemos familiares cercanos, nos brindaron un espacio en su casa. Tuvimos la oportunidad de compartir con ellos en este clima de fiestas de fin de año y conocer más a su padre, quien es un gran músico, nos deleito con unas canciones en portugués de Roberto Carlos y otros artistas, cada canción la cantó con su estilo, con su encanto, y nos transportó en el tiempo, los cabellos se nos erizaron, aun hoy, mientras escribo estas líneas me hace sentir una nostalgia que no logro identificar en un tiempo y un espacio indeterminado, pero el sentimiento, profundo y agridulce está ahí, como algo placido que extrañas, que echas de menos, algo que te hacía feliz y ya no está, una cierta añoranza que no puedo explicar.



Disfrutando de una inolvidable serenata

En este pequeño y tranquilo pueblo, el turismo está recién creciendo, pronto el gobierno deberá hacer algo al respecto porque el uso del lugar es indiscriminado. El principal atractivo son las lagunas de colores turquesas que se acumulan en medio de este candente desierto, porque sí, en el norte de Brasil también hay desierto.

La vía de acceso es muy complicada, ya que el “camino” va por sinuosas dunas de arenas blancas que suben y bajan hasta llegar a las lagunas. Solo se puede ir en vehículo 4x4 o cuadrimoto. Hay gente que se aventura a pie, pero son varios los km que hay que recorrer bajo el abrasador sol del desierto maranhense.

Esta no es la mejor época para visitar los Lençóis, pero decidimos aventurarnos de todas formas, dicen que la mejor temporada es después de las intensas lluvias, entre junio y septiembre, la peor época es de diciembre a marzo, justo ahora. Leandro nos ayudó a negociar el ticket con las agencias de turismo que hacen esta ruta, como él es brasileño, no le costó nada negociar el precio para los cuatro, en cambio como nosotros no hablamos bien portugués, a veces nos quieren cobrar un poco más caro.  

Consiguió un precio de 60 reales por persona en las camionetas 4x4 especialmente acondicionada para esta travesía. No suena tan caro, son unos 12 mil pesos chilenos cada uno, pero acá 60 reales debe ser el equivalente a 30 mil pesos chilenos, y debido a que no hablamos el idioma no hemos podido hacer charlas ni conferencias, por lo que nuestros recursos se están acabando rápidamente en Brasil.

El viaje desde Barreirinhas dura unas 4 horas ida y vuelta considerando bastante tiempo para recorrer las dunas y las lagunas. Aunque nos dieron la posibilidad de ir en la mañana o en la tarde, la agencia nos recomendó ir en la tarde para ver el atardecer. También nos aconsejaron llevar una merienda ligera debido al intenso calor y mucha agua. El bloqueador solar es obligatorio, al igual que un gorro para cubrirnos del sol y lentes oscuros. Yo agregaría también camisas o poleras de manga larga, el sol realmente quema mucho debido a la blancura de sus arenas que reflejan el sol como estar en la nieve.



Para entrar al parque hay que cruzar un río en barcaza, tanto el valor del cruce como la entrada al parque están incluidas en el ticket. La diversión comienza inmediatamente ya que la barcaza es bien precaria y suben varias camionetas con sus respectivos pasajeros. Una vez que ya estamos en la otra orilla, la aventura se vuelve más vertiginosa, pues las camionetas se mueven a alta velocidad cuando el espacio lo permite, haciendo que parezca una verdadera una montaña rusa entre las dunas.





Antes de llegar a espacio abierto, comenzamos a dejar atrás esta vegetación que rodea las dunas y las lagunas

El espacio es amplio, por lo que cada una de las camionetas elige una huella diferente para circular. No es un desierto completamente árido como el que estamos acostumbrados, hay algunos árboles y vegetación a nuestro alrededor, de baja altura pero lo suficientemente espesa para aislarnos del resto de los vehículos que se dirigen a los Lençóis, entre los árboles se pueden ver claramente los surcos de otros vehículos 4x4, haciendo que sea muy fácil seguir el rastro en la arena. Luego de unos cortos y saltarines minutos, vemos la aglomeración de camionetas y jeep esperando a los turistas, hemos llegado al punto donde nos debemos bajar y continuar la exploración a pie.



Es temporada baja y no ha llovido hace más de un mes, sin embargo hay muchas camionetas y mucha gente que viene a descubrir lo que se nos promete, imagino que en temporada alta debe estar atiborrado de gente, quizás no se puede ni transitar por las blancas dunas que nos enceguecen debido al brillo del sol.

Es fácil saber hacia donde caminar, pues toda la gente se mueve como una gran serpiente en la arena, de allá para acá, lentamente a medida que los pies se hunden en la suave arena. Hasta ese momento aun no estoy impresionado, pero ha sido divertido y una sonrisa se dibuja en mi rostro, pese a que las fotos de la agencia eran demasiado buenas y en otra época, hasta ahora no se ven los colores de los afiches. El guía nos dedica unas palabras que son fáciles de entender, normas de seguridad, el horario de regreso, protegerse del sol e hidratarse mucho. Pues en este momento quedamos más o menos libres, de ir hacia donde queramos y recorrer las dunas a nuestras anchas.

La decepción viene rápidamente, no solo por la gran cantidad de gente que tenemos delante, sino porque las lagunas están casi completamente secas, por lo que no podemos verlas en su esplendor como esperábamos, pero era una situación esperable por la época. Nos metemos un rato al agua a ver si se nos pasa “la maña”, pero esta tan baja que no llega ni a las rodillas.






Nos quedamos un rato sentados en la arena, contemplando lo que vemos, como la gente y los niños se revuelcan en esas aguas bajas, haciendo que sea casi lodo. Y es que los brasileños son muy descomplicados y poco prejuiciosos, son sencillos y disfrutan lo simple.

Precisamente este era uno de nuestros mayores temores, perder la capacidad de asombro. Después de haber visto tantos desiertos, tantas dunas, tantos ríos, lagos, mares, cascadas, selvas y experiencias extremas, tu mente y tus ojos dejan de impresionarse.

Pasan algunos minutos, Susan y yo apenas cruzamos palabras, y el guía nos pregunta si queremos salir a caminar, inicialmente le digo que no. Leandro sale del agua y Mariam dice que se quedará cuidando las cosas, que no tiene ganas de caminar. Leandro decide ir con el guía a caminar por las ardientes dunas, unos 30 minutos para averiguar si la otra laguna tiene más agua. Calculo, media hora de ida, y media de vuelta caminando en el intenso calor, ¿solo para ver si es que hay otra mejorcita? Al comienzo no estuve de acuerdo y Susan dudó. En pocos segundos evaluamos mientras el guía se alejaba con un puñado de gente. ¿Qué es mejor, quedarnos aquí sentados el resto de la tarde, o vamos a ver que hay más allá?

Nuestra curiosidad nos gana, la mayoría de la gente se quedó en la primera laguna, y muchos más se quedaron en la segunda al ver que estaba completamente seca. Pareciera que entre más lejos íbamos, más seco estaba todo, los árboles también desaparecieron.

La primera grata sorpresa, no fueron 30 minutos, fueron solo 15 o menos, y la segunda sorpresa, fue la formas de las dunas, caminar entre ellas nos dejaba ver algo de vegetación que volvía a aparecer a lo lejos, y la forma sinuosa que tienen los ríos cuando hay lluvias, sin dudas nuestro ánimo comenzó a cambiar. Y finalmente la recompensa, esta laguna sí tenía más agua, al menos hasta la cintura, era más amplia y rodeada de árboles pequeños. 

Esta laguna es llamada la Lençóis Preta, ya que a diferencia de las demás, sus aguas no son de color turquesa, sino oscuras, y se encuentra rodeada de vegetación, según nos dice el guía es la única laguna que permanece con agua todo el año.





Nos sacamos la ropa para meternos a nadar, el agua estaba fresca pero no fría y nos llegaba hasta la cintura, algunos peces pequeños se acercaron a inspeccionarnos y a mordernos de vez en cuando, se ve que Susan es más sabrosa que yo, pues los mosquitos siempre la prefieren a ella, y esta vez los peces también. Las refrescantes aguas se llevaron el calor que sentíamos y también se llevaron gran parte de nuestra decepción. Pero lo que cambió realmente nuestro ánimo y nos hizo saltar como niños fue ver algo de fauna. Una serpiente, grande, una de las más grandes que hemos visto, pasó a escasos centímetros de nosotros, el guía se queda lejos pues dice que es venenosa, lamentablemente no recuerdo el nombre.






Que alegría haber venido con el guía, haber escuchado esa vocecita que siempre nos invita a ir un poco más allá. Haber recorrido un poco más del parque y habernos maravillado con estas vistas. Sin dudas los lugares muchas veces los hace la gente, pero muchas otras, los haces tu mismo, tu propio ánimo. Y en esta ocasión el ánimo fue in crecendo.

Regresamos al punto de llegada para ver el atardecer y reunirnos con Mariam, no tuvo los colores rojos que pensé, pero sí un amarillo encendido en el horizonte furioso. Quizás no fue lo que esperábamos, quizás no vimos lo que veníamos a buscar, pero encontramos algo más, algo que esta más allá de la vista, y recuperamos la capacidad de asombro en algo tan sencillo, pensamos que no valía la pena haber ido, pero nos equivocamos, valió completamente la pena aquella experiencia. 







Mientras nos alejamos en las camionetas, el atardecer comenzó a cambiar de color y el cielo se encendió de color azul y púrpura, una despedida hermosa para una experiencia hermosa. Sabemos que algún día deberemos volver a visitar esta zona en una época más propicia, pues sin duda lo que ofrece este lugar es único.

Doy gracias a Dios, a la Vida, al Universo como dicen los hippies de ahora, al Viaje y a mi hermosa aventurera Susan, por estar viviendo todas estas experiencias juntos, compartir este estilo de vida que hemos elegido con la persona que amo, realmente es invaluable.

Los invito a seguir nuestras aventuras y descubrir qué fue lo que ocurrió en Jericoacoara, porque tuvimos que quedarnos más tiempo del planeado, y cómo fue el año nuevo en Brasil!!


Rumbo a Jericoqoara

Agradecemos a nuestros amigos y familiares, por estar siempre cerca y apoyándonos, sobre todo en esta época de fin de año, de balances y donde se extraña más que nunca a la familia.

Y a nuestros colaboradores; Relieve, Honda Colombia,  Honda Brasil, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.

30 abr. 2018

Una Navidad diferente desde Brasil!!

José de Alencar fue nuestro anfitrión en Belem, una de las ciudades más influyentes de Brasil, en donde desemboca el Río Amazonas y punto estratégico para los portugueses cuando la fundaron cerca del 1600. Jóse ya está jubilado, y ha viajado en motocicleta por muchos países en su Harley Davidson, habla muy bien español por lo que no ha sido difícil la comunicación, pese a que nosotros apenas balbuceamos portugués. 



A inicios del siglo XX, Belem era una de las ciudades más prósperas de América Latina gracias a la explotación del caucho, en esos tiempos poseía la última tecnología y estaba repleta de extranjeros inversionistas. Hoy su desarrollo se ha detenido y la basura es la que domina sus calles quedando sólo el recuerdo de aquella bonanza que duro hasta 1912, cuando entró a escena el caucho asiático. 

El puerto de Belén es un mudo testigo de aquellas épocas de esplendor, aunque aún llegan barcos que provienen de Manaos con turistas que desean navegar el Amazonas. Aquí funciona un museo, una cervecería artesanal, heladerías de prestigio, puestos de artesanía y ropa, restaurantes y cafeterías.

Debido a que estos días estuvo lloviendo, José nos llevó a conocer parte de la ciudad en su auto, es un hombre muy culto, conoce muy bien la historia de su país y de su ciudad, también nos impresionó lo bien que conoce la historia de Chile. 

En una de esas salidas, nos llevó a probar muchas delicias gastronómicas típicas de la región, como el pirarucú, farinha de mandioca, calderada mista y el açaí, que destaca como uno de los productos estrellas de Brasil.  







El açaí es un fruto redondo como una baya muy similar a un arándano que crece en unas palmeras llamadas Açaízeiros, se dan solamente en estado silvestre en la selva al norte de Brasil. Dicen que tiene muchas propiedades benéficas para la salud, los indígenas lo han consumido por siglos, y hoy es tan popular que lo encuentras en helados, dulces y jugos. Su sabor no se parece a nada que hayamos probado antes, no es dulce ni salado, por lo que la gente lo come con o sin azúcar, a nosotros nos gustó más con azúcar y como postre. Luego veríamos este producto en todos lados durante los 3 meses que estuvimos en Brasil. 



Nuestro paso por Belem fue corto, estamos en busca de un lugar tranquilo donde pasar navidad y año nuevo, pero no hemos encontrado ese lugar en los mapas, habíamos pensado en un parque nacional, pero no hemos encontrado lo que buscábamos. 

Así que continuamos hacia la siguiente ciudad, moviéndonos ahora hacia el oeste, acercándonos al océano atlántico. Nos han dicho que las playas de ese sector son hermosas, pero para llegar allá, aun tenemos que recorrer casi 2 mil kilómetros, el llamado Nordeste.  

Susan se había puesto en contacto con Falcon Negro, un viajero brasilero muy conocido quien a su vez nos puso en contacto con Junior del Moto Club Brothers en Sao Luis de Maranhao. En Brasil la ayuda al motociclista está muy organizada, los Motoclubes también y colaboran entre ellos, casi nunca hay peleas entre sus integrantes o entre clubes. 

Carlos Andres, quien habla muy bien español con acento entre colombiano y venezolano nos recibió para llevarnos a la casa de Junior, quien sería nuestro anfitrión en Sao Luis y quien nos llevó posteriormente a la casa club de los Brothers.  

Es una amplia casa en la playa, cómoda y segura. Antes de llegar, Junior nos llevó al supermercado y compró mercadería como para dos semanas, incluyendo mucha carne y cerveza. "Este es un regalo para ustedes, no se preocupen de nada".

La hospitalidad brasilera es abrumadora, en todos lados nos recibieron con los brazos abiertos, nos llevaban a la casa club y rara vez nos dejaban gastar en algo, es sorprendente. Pero las sorpresas estaban recién comenzando. 

Ya faltaba poco para navidad y aun no sabíamos donde estaríamos, no queríamos importunar en algún motoclub, pero la familia de Junior fue a pasar noche buena a otra ciudad, Junior se quedó por trabajo, por lo que nos invitó a pasar navidad junto a él. Junior es muy alegre, de unos 50 años y también habla muy bien español, él también ha recorrido parte de Sudamérica en su flamante V-Strom 650. 

El misterio y preocupación de donde pasaríamos la navidad ya estaba resuelto. Como estaríamos solos con Junior, se contactó con un amigo cercano de un moto club familiar, los Barba Gatos, son todos muy simpáticos y cercanos, son unas personas muy interesantes, tanto así que podríamos escribir un libro solamente describiendo al moto club y sus integrantes. 

Sin embargo lo describiremos así, Jorge Braz, presidente del club, nos llevó a un city tour por Sao Luis, él es profesor de historia, muy culto y apasionado por la arquitectura y el arte de la ciudad. El recorrido que nos armó por la ciudad parecía sacado de una agencia de viajes. 


Con Barba Gatos y Junior






Recorrido por Sao Luis de Maranhao

Durante ese recorrido vimos un sin numero de cosas interesantes, sobre todo en lo arquitectónico y conocimos la historia de la ciudad. La arquitectura de Brasil, y la configuración de sus ciudades es diferente a lo que habíamos visto en el resto de Sudamérica, mezcla de portuguesa, española y holandesa, lo cual la llevó a convertirse en patrimonio mundial de la UNESCO.

Y es que la arquitectura de las ciudades brasileras y su configuración es muy distinta al resto de Sudamérica, ya que fueron en su gran mayoría dominados por los portugueses, a diferencia de los españoles que conquistaron el resto del territorio. También se ve una gran diferencia en el proceso de independencia, muy diferente a la que se llevó a cabo en los países conquistados por los españoles. El proceso de independencia brasilero fue en una relativa paz y poca resistencia por parte de Portugal. 





Me impresionó mucho el realismo de esta pintura en aquella puerta abandonada

Pero lo que más nos llamó la atención, fue cuando nos adentramos en un barrio claramente peligroso, aunque eramos un grupo grande, Susan y yo nos sentíamos inquietos, las miradas de la gente, el lenguaje corporal de los que nos rodeaban, y uno que otro con cara de pocos amigos que nos seguía por un par de cuadras. 

Hasta que una de esas cuadras, vimos a la policía, algunos de civil arma en mano, como esperando algo, pero alrededor de ellos habían niños jugando a tirarse agua y harina, caminamos cerca de la policía mientras Jorge nos contaba de las calles y la arquitectura, vimos el cadáver de un tipo tirado en el suelo... 

Todos actuaron con normalidad, pasamos a escasos 3 metros del cadáver, el cual era custodiado por la policía, los niños jugando cerca de él, prácticamente saltaban sobre él esquivándolo. Fue una experiencia muy diferente, y poderosa. Es difícil describir todo lo que sentimos en ese momento, tratando de actuar con naturalidad frente a la normalidad con que lo hacían todos los demás, aun cuando todas las alarmas de nuestros instintos saltaban y sonaban como locas. Nunca había visto un cuerpo sin vida tirado en la calle, quién sería, qué ocurrió, es esto normal?. En parte por respeto y por no hablar bien el idioma, no preguntamos nada al respecto. Incluso el día de hoy me estremezco cuando lo recuerdo, y muchas dudas rondan mi mimente. Lamento tanto no haber podido hablar portugués fluidamente. Fue un momento intenso  y potente, que pasó casi desapercibido, pero que caló hondo en nosotros.





A la noche siguiente nos preparamos para pasar navidad junto y los Barba Gatos. Llegamos a la casa de la mamá de Jorge, donde se reúne toda la familia para las fechas importantes, Jorge nos explica que son muy cercanos y unidos. 

Aunque no es la primera vez que paso navidad fuera de casa, ni en otro país, sí es primera vez que la pasamos en una cultura muy distinta a lo que estábamos acostumbrados. En Brasil la navidad no se traduce en la locura consumista que vemos en Chile y que hemos visto en otros países, aquí la navidad es más tranquila, quizás hasta más respetuosa y los grandes regalos son solo para los niños.  

Llegamos a la casa, donde había unas 30 personas, todos nos recibieron con los brazos abiertos. En una mesa larga estaba servida la comida, distintos tipos de platos a la usanza brasilera, esto es que se sirven varias comidas diferentes, varias ensaladas y a veces varios postres. Cada uno toma un plato y se sirve lo que van a comer, como auto servicio. 



Aquí en Brasil no se acostumbra a sentarse todos juntos a la mesa, ni esperarse para comer, cada uno se sirve, se sienta donde quiere, no necesariamente a la mesa, y come, cuando termina lleva el plato a la cocina. Así fue nuestra abundante y sabrosa cena de navidad, conversando con los que hablaban español y portuñol, nuestro portugués, el mio al menos, aun no daba para comunicarme con la gente, Susan entiende y habla más portugués que yo.  

Después de la cena llegó la hora de los regalos. Cada uno de nosotros lleva un regalo, los que no son cosas caras, incluso a veces son un poco en broma, luego se hace una especie de amigo secreto, donde cada uno en forma "secreta", le entrega el regalo a uno de los asistentes. De esta forma todos recibimos algún regalo. 

No existe el estrés ni el endeudamiento por intentar comprar cosas que no podemos realmente comprar, me gustó esta forma de pasar la navidad. Aunque la pasamos con un grupo muy grande y alegre, fue tranquilo y lo disfrutamos mucho. 


Todos son muy amigables, cordiales y cariñosos con nosotros, perfectamente podríamos haber pasado año nuevo aquí, pero no queríamos abusar de la hospitalidad de esta gente tan cariñosa.

Recorrimos algunas playas con Carlos Andres y su linda esposa, Leticia, con quienes aun seguimos en contacto. Ellos también nos trataron como parte de la familia, Leticia hizo muy buena amistad con Susan, y aunque todos nos pedían que nos quedáramos, fue con Letica, Carlos Andres y Junior con quienes estrechamos más lazos, y hasta el día de hoy los extrañamos mucho... 



Son de esas personas tan buenas, honestas y transparentes que te encariñas muchísimo y muy rápido, aunque pasas pocos días con ellos, sientes que los conoces desde siempre, y aquellas despedidas son las más amargas. 


Carlos Andrés y Leticia

Nosotros

Aunque teníamos ganas de quedarnos, decidimos no abusar de la hopitalidad y continuar hacia el oeste, nos hablaron de un lugar muy especial donde podríamos pasar el año nuevo. 

Pero yo no podía irme de Sao Luis sin un gran regalo... el día anterior a la partida, Junior noto que mi moto tenía una pequeña fuga de aceite, me obligo a ir al mecánico, como no era grave, yo no me preocupé y decidí revisarla más adelante cuando pudiéramos reunir más dinero. Como no hablamos portugués, no hemos podido hacer las charlas en las universidades, sólo hemos vendido algunas postales en un par de ocasiones.  

Sin embargo Junior insistió en que no me podía ir así, por lo que conversó con los demás que habíamos conocido durante esos días y decidieron pagar la reparación de mi motocicleta. Hubo que cambiar una empaquetadura y rectificar una rosca rodada, que era la que no apretaba y por donde fugaba aceite. Sin dudas un gran regalo de navidad. 

Esta navidad fue muy diferente, pues por primera vez en mucho tiempo, sentí nostalgia del hogar, de la familia y los amigos que no están aquí con nosotros. Estar con Susan aligera todo eso, porque estamos juntos, nos tenemos el uno al otro, y sabemos que juntos somos fuertes.  

Estaremos eternamente agradecidos por toda la preocupación, por todo lo que nos enseñaron y compartieron con nosotros, por todo lo brindado en este bello país. Gracias a Junior, Jorge Braz, Falcon, Carlos Andres, Leticia, Francisco y Emilson, siempre los recordaremos con mucho cariño. 





En el próximo relato les contaremos dónde pasamos año nuevo, y cómo fue para nosotros pasar un año nuevo en Brasil!! 

Muchas gracias a todos nuestros amigos que siguen en contacto, y a nuestras familias por el apoyo incondicional en esta aventura. Les mandamos un abrazo gigante.

Agradecemos también a Relieve, Honda Colombia,  Honda Brasil, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.

31 mar. 2018

Travesía en el Amazonas: Parte 2

A orillas del Río Amazonas no hay buses escolares, pero sí estos curiosos botes escolares "estacionados" uno al lado del otro

Mientras escribo estas líneas, estoy sentado en la comodidad de la casa de mis padres, en Santiago de Chile, sí, acabamos de regresar a Chile. Mi departamento en el centro de la capital aun lo tengo arrendado, y no pretendo recuperarlo todavía.

Acabamos de llegar del gran evento en MotoCamp Pucón de Horizons Unlimited, the First HU Travellers Meeting, una experiencia maravillosa donde compartimos la historia de nuestro viaje, escuchamos a otros grandes viajeros, nos reencontramos con viejos amigos y tuvimos la oportunidad de forjar nuesvas amistades. 

Ahora en Santiago, tenemos mucho que hacer y organizar, pero las aventuras en este blog no terminan, iremos actualizando la página web y el Facebook lo más frecuente posible, también les iremos contando de nuestros próximos proyectos, la Expedición en Moto no termina aquí, pues el Viaje Continúa…

Los recientes acontecimientos ocurridos en la selva de Bolivia y Brasil han pasado muy rápido, no hemos tenido mucho tiempo de procesar todo lo ocurrido, y seguimos en movimiento navegando el Río más largo y caudaloso del mundo, el Amazonas.

Hay pocas opciones para salir de Manaos, una de ellas es ir hacia Boa Vista y luego elegir entre Venezuela o Guayana. Más que por inseguridad política, decidimos no ir a Venezuela por tiempo y dinero, se nos están acabando ambas cosas. Para ir a Guyana hay que cruzar más de 500 km de barro (ya comenzó la época de lluvias) y no queremos volver por donde llegamos, así que sólo queda una opción, ir hacia el Este, donde desemboca el Río Amazonas, pasando por Santarém y Belem. La única forma de llegar a esos lugares, es navegando el río, o a través de la carretera fantasma, la mítica Transamazónica, muy difícil en época lluviosa, por lo que decidimos no realizarla en esta oportunidad.

Encuentro de las aguas, el Río Negro se junta pero no se mezcla con las aguas del Río Amazonas

Debido a que se aproxima navidad y año nuevo fue muy difícil negociar el barco que nos llevaría de Manaos a Belem. Salió mucho más caro de lo que pensábamos, pero no podíamos esperar hasta año nuevo en Manaos, así que continuamos hacia Belem.

Normalmente el barco cuesta 150 a 200 reais por persona y por moto, pero los "representantes" de los navíos en el puerto nos querían cobrar 500 reais solo la moto, UNA moto. Luego de conversar y tratar de negociar con varias personas en un paupérrimo portuñol, logré hablar directamente con el capitán. El precio quedó en 300 reais cada pasaje y 300 cada moto. Mucho más caro de lo presupuestado.

Nuestro abordaje fue un poco estrambótico, les recomiendo leer la entrada anterior para los detalles. Una vez en el barco, nos dispusimos a ordenar nuestro equipaje, estacionar y estibar las motos y ver dónde pondríamos las hamacas. Este barco es mucho más grande que el anterior y va repleto de gente, lo que hace que sea un poco más peligroso dejar las cosas a la vista. Apilamos todo cerca de las motos y el bolso de expedición lo pusimos debajo de nuestras hamacas para mayor seguridad.


La vida en el barco

En el barco conocimos a un chileno que viene viajando con un ecuatoriano en bicicleta, Alex y Diego, ellos hicieron la travesía que queríamos intentar nosotros desde el Coca en Ecuador, hacia Perú, luego Leticia y finalmente Manaos, tienen la ventaja que no deben pagar por las bicicletas.

También conocimos a una pareja de argentinos que vienen desde México en bicicleta y acaban de cruzar todo Venezuela. Axel y Julieta nos cuentan de la actual y difícil situación que enfrenta el país, aunque no vieron escenas de delincuencia, la escasez de alimentos y de dinero circulante hizo muy difícil la travesía.

Y también conocimos a uno de los personajes más interesantes del viaje, con quien hicimos una gran amistad y hasta el día de hoy seguimos en contacto, él es Tacio Ulises Sampaio. Ya está jubilado y es motociclista desde su juventud. Ahora se dedica a viajar en moto por el mundo, en este momento tiene una flamante Africa Twin CRF 1000, ha recorrido más de 30 países en las Américas, Europa, Rusia y Asia. Este año iba a ir a África, pero decidió aplazar el viaje para el próximo año debido a la inestabilidad política de algunos países que quiere visitar.

Él es un Fazedor de Chuva, un gremio muy interesante acá en Brasil que incentiva el mototurismo a través de la instauración de diversos desafíos, donde el más importante es conectar Ushuaia en Argentina (el extremo más austral de las américas) con Prudhoe Bay en Alaska (el punto más septentrional de las américas) quien logra eso gana el título de Fazedor de Chuva (Hacedor de lluvia) emulando el antiguo título que se otorgaba en África a quien era capaz de realizar lo imposible.

Al igual que nosotros él intentó entrar a Venezuela por Colombia para ir a Brasil, pero no lo consiguió y regresó hasta Perú donde embarcó hacia Iquitos, luego a Leticia en la frontera colombiana, después a Manaos en Brasil y finalmente a Belem, que es el barco en el que estamos actualmente.

Conversando con Tacio en la cubierta

Una nueva amiga de Fortaleza junto a Alex, Diego, Axel y Tacio.

Esta es una de las mejores experiencias que hemos vivido en el viaje. Era una de nuestras metas y sueños, poder navegar el Río Amazonas. Ha sido muy interesante todo lo que hemos experimentado, aun cuando las condiciones de este barco son más precarias que las del anterior, es más viejo y sucio y tampoco están incluidas las comidas, aunque pensábamos que sí, por el costo del pasaje y porque en el otro barco sí nos dieron de todo. Todo esto le agrega un condimento muy interesante a esta aventura. 

Sin embargo, saber que las comidas no están incluidas, nos golpeó bastante, pues como embarcamos muy apresurados no preguntamos y tampoco nos dio tiempo de comprar nada. Afortunadamente, con Susan, siempre llevamos un poco de comida en las maletas de las motos por si necesitamos hacer una parada urgente o si quedamos varados en la carretera sin poder comprar nada, hasta ahora nunca nos ha ocurrido, pero llevar esas raciones de emergencia nos han salvado varias veces. Sin embargo, sabíamos que esa comida era insuficiente para los 4 días de navegación que teníamos por delante.

Tacio, Alex y Diego tampoco trajeron comida, pues en todos los barcos anteriores las comidas estaban incluidas. Ahora estaban igual que nosotros, sin comida y poco dinero, a excepción de Tacio, que él viaja con mayor presupuesto.

Para el almuerzo de ese día teníamos yogur, cereales y fruta, que iba a ser nuestro desayuno, pero con todo el ajetreo de esa mañana, lo comimos en el barco. La cena la salvó Tacio, en Manaos había comprado pan y queso que era para el desayuno del siguiente día y lo compartió con nosotros. Ya veríamos como resolveríamos el resto de las comidas. A bordo del barco venden algunas cosas para comer, también desayuno, almuerzo y cena, por la módica suma de 15 reais cada comida y 8 reais el desayuno, un robo absoluto.

El despertar fue muy temprano, la gente en los barcos siempre comienza la vida varias horas antes del amanecer, a eso de las 5 am. Nosotros nos obligamos a dormir un poco más, pero a las 7 ya estábamos levantados.

Susan preparó para el desayuno yogur con naranja y galletas, mientras lo hacía descubrió una pequeña cocina habilitada en el primer piso del barco para el uso de los pasajeros, la cual estaba destinada a calentar agua y las comidas ya preparadas. Aprovechando que estaba desocupada comenzó a preparar arroz, medio escondida para que la tripulación no nos descubriera cocinando. Ese fue el almuerzo de los cinco viajeros a bordo, un arroz clandestino acompañado de ensalada de repollo y tomate.

No hemos tenido la necesidad de hablar con mucha gente en portugués porque Tacio habla español, Alex y Diego obviamente también, conocimos unos cubanos y posteriormente a los argentinos Axel y su novia Julieta. Entonces nuestro avance en el idioma ha hecho muy lento, pero tratamos de comunicarnos con la gente para compartir.

Sin embargo ha sido difícil mantener conversaciones en portugués, son muchos acentos diferentes ya que hay gente viajando desde todas las regiones de Brasil, por lo que se hace aún más difícil la comunicación. Cuando ya te habitúas al acento de una persona y piensas que les vas a entender a todos, viene otro a saludar y no entiendes nada. Tardas unos minutos en acostumbrar el oído al acento tan cambiante.

La cena fue un banquete, el barco hizo una parada más larga en Santarem, lo que nos daba tiempo de ir a comprar algo para comer, yo me quede cuidando las motos y el equipaje en el barco mientras que Susan, Diego y Tacio fueron a comprar para salvar los otros dos días, tarea que no fue fácil, ya que por ser domingo casi todo el comercio estaba cerrado. Mientras esperaba, la tripulación me hizo cambiar todas las cosas, a mí y a otras personas para poder meter más autos, todo en medio de una desorganización tremenda.

En eso subió la pareja de argentinos que viajan en bici, hicimos muy buena onda con ellos. Susan, Diego y Tacio regresaron de las compras con varias provisiones y adicionalmente Tacio nos compró pizza para compartir con todos. Justo esa noche un chico de la tripulación le había regalado una porción gigantesca de cena a Susan. Esa noche comimos muy bien.

A la mañana siguiente compartimos el desayuno con los argentinos, ahora con las nuevas provisiones las comidas no resultaron un problema, repetimos la fórmula de cocinar arroz en secreto y lo acompañamos con atún.

Nos habían recomendado pasar a Santarem, y estaba en nuestros planes, pero si ya nos costó caro el pasaje en esta fecha, intentar embarcar la próxima semana desde Santarem sería aún más caro. Quedará para la próxima expedición como muchos otros lugares.

Contemplando la anchura del río amazonas

Hay quienes dicen que el Río Nilo es más grande que el Amazonas, pero el río egipcio tiene 6.800 km y el Amazonas casi 7 mil. Sí estamos seguros de lo ancho que es el río, porque el tercer día parecía que íbamos en el mar o en un lago inmenso como el Titi Caca porque se veía agua hacia cualquier lado al que miraras.


Cortinas de lluvia, momento en que todos arrancábamos de cubierta para buscar refugio


La lluvia ha sido muy fuerte, el cuarto día se sentía muy parecido a ir navegando el mar, con olas muy muy altas, la ligera embarcación se movía completamente y algunas personas no soportaron el movimiento, iban muy mareadas y terminaron vomitando en el baño.


Pequeñas forestales



En cada parada, se acercan los mercaderes a ofrecer sus productos

Durante la travesía el barco para muchas veces en distintos pueblos de colonizadores del río Amazonas, pueblos que se sustentan en la pesca, la búsqueda de oro y la tala de árboles, son pueblos pequeños, aislados, cuya única conexión con el resto del país es aquel inmenso río. Los barcos dejan encomiendas y se llevan otras para los pueblos siguientes, la gente ofrece sus productos a los pasajeros. Los turistas y viajeros nos dedicamos a fotografiar las curiosidades que nos ofrecen estos poblados.


Una de las tantas iglesias que se pueden observar en los pequeños poblados

Estación de gasolina, a orillas del río

Bote de la policía


Parte de lo que se ve y se vive cuando nos acercamos a un poblado en medio de la nada, pero a orillas del río, fuente de vida y de comercio

Una mañana desperté con la selva muy cerquita del barco, estábamos pasando por uno de los angostos brazos del río amazonas, tan angosto que el pequeño barco apenas cabía. Ahí baja mucho la velocidad porque hay varias comunidades indígenas, la tripulación les arroja bolsas con comidas y golosinas a los niños, algunas personas del barco los imitan y les arrojan cosas, entonces los niños se acercan en sus pequeños botes remando una vez que el barco pasó. Es una escena un tanto conmovedora, la pobreza absoluta y la expresión de tristeza en los rostros de los niños es impactante.




Muchos niños acercándose a la embarcación para descubrir qué es lo que la tripulación y a gente les lanzarán a las turbias aguas

Uno de los cubanos que conocimos no pudo contener las lágrimas. Dice que en Cuba se pueden ver aún muchas cosas malas, injusticias, pero jamás ese nivel de pobreza, ni un niño mendigando comida. Nos decía que eso le ha impactado mucho en Brasil (y si va a otros países también le pasará), ver la pobreza y la miseria en la que vive la gente, sobre todo niños, le dio mucha pena.  “Eso en Cuba nunca lo vas a ver, sí tenemos muchos problemas, pero el hambre y niños mendigos no es uno de ellos…”. Y precisamente este cubano, es contrario al gobierno de Fidel Castro.

Tacio vive en Recife, son 2.000 km desde Belem, nos dice que nos estará esperando en su casa, pero que no vayamos con él ahora porque él quiere estar para navidad allá, por lo tanto, va a hacer 500 km diarios para llegar el 24. Aunque nosotros vamos más rápido de lo habitual, en este lado hay muchos lugares que visitar.

Desembarcamos en Belem, una ciudad enorme, y una de las más viejas del continente. Allí nos despedimos afectuosamente de los argentinos, el chileno y el ecuatoriano que van en bicicleta. Junto a Tacio nos fuimos a la casa de uno de sus amigos en Belem, José de Alencar, quien nos recibió cordialmente. 

La única foto donde aparecemos todos juntos, Ariel, Tacio, Axel, Alex, Diego, Susan y Julieta

Pronto será navidad y año nuevo, sabemos que en estas fechas todos los precios se disparan, debido a eso, estamos buscando un lugar agradable, donde no haya mucha gente y que los precios no suban tanto, quizás algún parque nacional donde acampar unos días. 


Los invito a descubrir donde pasamos las fiestas de fin de año en la próxima bitácora, muy distinto de lo que buscábamos, muy diferente de lo que pensamos seria en Brasil, pero sin dudas memorable. 

Muchas gracias a todos nuestros amigos que nos siguen en este viaje, a nuestras familias por apoyarnos tato y a las marcas que han creído en este sueño. El Viaje Continúa...

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