28 jun. 2018

Jericoacoara, un año nuevo en Brasil

Lagao do Paraiso

Jijoca de Jericoacoara, o simplemente Jeri, es muy famoso por su naturaleza prístina, bellas playas, ríos y lagunas. Muchos turistas vienen a visitar este lugar de difícil y restringido acceso. Hace 20 años no había electricidad ni carreteras asfaltadas para llegar hasta aquí. Actualmente son miles los viajeros que recibe este tranquilo pueblo, antaño solo de pescadores, y que hoy es mundialmente conocido por el kitesurf windsurf, los deportes más practicados en la zona, aun así, el pueblo no ha perdido su encanto y tranquilidad.

Y precisamente esa tranquilidad es la que buscan los visitantes de Jeri, nos han dicho que este “paraíso nordestino” se repleta de gente durante carnaval y las festividades de fin de año, pero no por las fiestas como se podría pensar, aquí viene la gente que quiere escapar del ruido y el bullicio de los carnavales, Jericoacoara es un lugar para estar tranquilos. 


En cierta forma, eso hace que sea más exclusivo. Jijoca de Jericoacoara es uno de los destinos turísticos más costosos en los que hemos estado. Los alojamientos, la comida, la cerveza, absolutamente todo cuesta un 50% más que en otros lados, y más del doble justo en año nuevo, que es la fecha en la que nosotros llegamos a este bello lugar.

Ruta hacia Jijoca de Jericoacaora

Necesitábamos un lugar donde pasar el año nuevo en Brasil, unos amigos nos pusieron en contacto con el Maestre Ávila, reconocido moto viajero y maestro de Capoeira que tiene una casa grande en Jijoca de Jericoacoara, ahí alquila cuartos tipo hostal. A los motociclistas les hace un precio especial, pero si acampan o duermen en hamaca, no cobra nada, además hace clases gratuitas de Capoeira a los niños del pueblo. Es una gran persona con un gran corazón, de sonrisa alegre, amante de la cerveza, de la comida y las buenas historias. 

Aunque nuestro portugués ha mejorado, al comienzo fue un poco difícil comunicarnos con él, pues su acento es muy diferente al que ya habíamos comenzado a acostumbrarnos. Esto es algo normal en Brasil, ya que el país es tan grande, que los acentos son muy variados, incluso a los brasileños les cuesta entender los diversos acentos. 

El terreno del Maestre Ávila es bastante grande, hay buena sombra y está todo limpio y dispuesto. Buscamos un lugar que nos diera la sombra todo el día para armar nuestra carpa, lejos del gigantesco árbol de mangos que está en el amplio patio de la casa. Es época de mangos y este delicioso fruto cae todos los días de tan maduro que está. Susan es la más contenta, ama el mango y todos los días cosecha algunos que se come muy animosamente.

En este momento hay un chileno alquilando uno de los cuartos, lleva bastante tiempo aquí, se llama Patrick y es todo un personaje, uno de aquellos que crees que solo encontraras en los libros, y que para contar su curiosa y trágica historia, se necesitaría un libro entero. 

Almorzando con el Maestre Avila y su esposa

Inmediatamente Ávila nos invita a conocer la Lagoa do Paraiso, es probablemente una de las lagunas más bellas que hemos visto, su color turquesa y arena blanca la hace un sitio imperdible. Alrededor de la laguna hay muchos hoteles y restaurantes, cada uno tiene una serie de sillas de playa, reposaderas y hamacas de colores metidas dentro de la laguna para pasar el día en estas cálidas y cristalinas aguas, disfrutando de una cerveza bien helada. 



Ralajandonos en Lagao do Paraiso

El paisaje es único, el contraste de las aguas con las arenas blancas da la impresión de estar en el mar del caribe. Pero la gente local nos cuenta algo muy triste, la laguna se está secando. Jijoca lleva más de 8 años de una sequía profunda, precisamente ahora debiese estar lloviendo, sin embargo, hemos tenido solo días de sol radiante. Esta sequía ha hecho que el nivel del agua halla bajado considerablemente. 8 años atrás, la beira da lagoa, estaba a media cuadra del terreno del maestre, y se podía llegar caminando. Hoy hay que trasladarse en moto para llegar allá. Los terrenos que antes estaban llenos de agua ahora son ocupados por grandes pastizales a la espera de que el clima se reestablezca.

Ese día almorzamos con el Maestre y otros amigos de él, quienes nos brindaron varias cervezas. Adicionalmente a Susan le salió un buen trabajo, intercambió algunas fotos por un almuerzo en el restaurante, pero no era un almuerzo cualquiera, fue uno de los más exclusivo que hemos comido. Todo muy delicioso. 

En lo personal, me fascinó esta experiencia y visitar esta laguna, aunque Susan y yo no apreciamos mucho el turismo del tipo "sol y playa", pero este lugar nos regaló algo diferente. Aun así, necesitábamos un poco de aventura, así que nos fuimos a buscar la famosa playa de Jericoacoara. 

Ávila nos dijo que el acceso era difícil para ir en moto, que mejor pagáramos una camioneta 4x4 para ir. Sin embargo el valor de la camioneta es de 60 reales por persona (12 mil pesos chilenos), una locura!! Vimos un mapa, y el tramo desde el pueblo hacia la playa es muy corto, así que decidimos ir en moto. Como es cerca, nos aventuramos solo en una de nuestras Falcon Rockeras. Y como vamos a la playa, dejamos todas las protecciones en la carpa, fuimos solo con traje de baño, toalla y casco. 

Los primeros metros fueron muy sencillos, adentrándonos entre unos caseríos tipo aldea, con exuberante vegetación por un camino de tierra en mal estado, pero que para la moto no implicaba ningún desafío. Ponto llegamos a una senda de adoquines muy meteorizados, por lo que el transito para vehículos de 4 ruedas estaba prohibido, solo las motos podíamos circular. Varias motos iban delante y detrás de nosotros, hasta ahí, tránsito normal. 

El problema llega unos kilómetros antes de la entrada del Parque Nacional Jericoacoara, donde la arena se torna muy blanda y pantanosa. Hasta ahí llegaron todas las motos pequeñas. Desde ese momento, solo iban las motos enduro con neumáticos especiales para la ocasión. Justo en ese cruce habían varios brasileros, esperando no sé que la verdad, pero todos nos alentaban a seguir, recomendándonos que le quitáramos aire a las ruedas para continuar por ese camino de arena suelta. Nuestra ávida curiosidad nos obliga a hacerles caso, e intentar realizar ese trayecto. Lo intentamos una, dos tres veces apunto de caer y apenas pude contener la moto en esas arenas tan blandas que parecían movedizas. Al lado nuestro pasaban las camionetas 4x4 y una que otra moto enduro. Luego vino un tramo de arena dura, listo, pensé, lo peor ya pasó. Pero me equivoqué, porque justo en la curva estaba lo peor, mucha arena suelta que frenó en seco nuestro avance, y zaz! al suelo. 

La caída, como ocurre usualmente, fue en cámara lenta, y también a baja velocidad, así que, pese a no llevar protecciones, no sufrimos ni siquiera rasmillones. Sin embargo el pie de Susan quedó aprisionado con la maleta izquierda, y le lastimó el empeine. 

Levantamos la motocicleta e inspeccionamos los daños, por fortuna la moto no tenía nada, solo un poco de arena, pero a Susan le dolía mucho el pie. Sigan, sigan nos decían, falta poco y no es tan caro... -Como así tan caro?. Claro, hay que pagar entrada al parque y estacionamiento, según nos informan los que iban pasando. Era pasado el medio día, si íbamos a pagar una entrada, que no es barata, queríamos aprovechar todo el día en el parque.

Así que decidimos volver, Susan con lo valiente y aguerrida que es, se aguantó el dolor. Cuando llegamos a la casa de Ávila, el pie de Susan se había hinchado como una gran empanada de horno chilena. Y al día siguiente fue peor, tanto que ya no le entraba la bota. Solo quedaba tomar anti-inflamatorios y reposo. 

Mientras yo la cuidaba y hacía todo para que ella no tuviera que moverse, llegó el año nuevo. Lo celebramos muy tranquilos, tal como lo celebran acá. Ávila y su familia se fueron a otra playa para poder observar los fuegos artificiales y vivir una fiesta más animada, pues nos dicen que aquí nadie celebra de forma ferviente. Y era cierto, cenamos con Patrick y vimos desde el patio de Ávila los breves fuegos artificiales que lanzaron desde la plaza. 


Compartimos algunas cervezas y fuimos a la plaza para ver si había algún evento, pero tal  como nos habían dicho, la gente estaba tranquila en sus casas. Apenas circulaban algunos jóvenes en las calles, todos tranquilos y vestidos de blanco, todos sobrios y sin ambiente de fiesta. Siempre imaginamos que un año nuevo en Brasil significaría descontrol, pero no, fue todo lo contrario, y fue bueno. Un momento de reflexión, una paz y tranquilidad en lo vertiginoso que suelen ser las fiestas de fin de año. Esta vez estábamos juntos, agradeciendo todo lo que hemos visto, lo que hemos vivido, y con un poco de nostalgia por la familia que está lejos.  

Sólo veníamos a pasar el año nuevo, pero nos quedarnos algunas días más esperando la recuperación de Susan. Mientras tanto, volvimos a la Lagao do Paraiso y descubrimos que había otro camino, completamente asfaltado para ir a playa Prea, desde la cual se podía llegar a la playa principal de Jeri yendo siempre por la arena mojada y por tanto más endurecida. Dicen que el atractivo principal de esa playa es llegar hasta una duna muy famosa, de difícil acceso, para ver el atardecer.


Playa Prea, en Jeri

¿Y qué tiene de especial este atardecer?. Bueno, acá estamos en el océano Atlántico, por lo que el sol no se oculta en el mar como estamos acostumbrados a verlo en el Pacifico. Sin embargo, en este punto en particular si se puede contemplar la puesta de sol en el mar, y es el único punto de Brasil continental donde ocurre esto, por eso vienen los brasileros de todos lados a ver ese espectáculo, un atardecer en el mar. 



El otro gran atractivo son los deportes de viento, el horizonte se llena de pequeñas velas y tablas volando en el aire, pues aquí es a donde viene gente de todo el mundo para practicar windfurf y kitesurf. Pasamos una hermosa tarde, recostados al sol y refrescándonos en las aguas Océano Atlántico.

Ya con el pie de Susan recuperado, nos despedimos alegremente del Maestre Ávila y su familia, con algo de nostalgia, por dejar este bello y tranquilo lugar. Ávila nos invita a volver, a pasar una temporada completa acá y aprender bien Capoeria, para mi sería un sueño, pues practiqué Capoeria hace unos años en Chile, y siempre quise hacerlo en Brasil. Así que me prometo a mi mismo volver, un día debo volver a Jericoacoara, uno de esos lugares inesperados, que pese a no ser lo que buscábamos, nos cautivó y enamoró, sin dudas un lugar muy especial.

Camino a Canoa Quebrada, el próximo destino de la Expedición en Moto


En este clima de fin de año donde se extraña más que nunca a la familia, les agradecemos la preocupación y por estar siempre pendiente de nosotros y el viaje.

Agradecemos también a Relieve, Honda Colombia, Honda Brasil, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, Cooper Motos, ProCircuit, y Moto-K.