24 may. 2018

Los Lençóis Maranhenses

Antes de llegar a Jericoacoara, lugar donde pasamos el año nuevo en Brasil, debíamos pasar por Barreirinhas, otro pueblo en el que el turismo está comenzando a explotar de forma desenfrenada por ser puerta de entrada a los Lençóis Maranhenses, un lugar que promete ser una de las maravillas de la naturaleza más importantes de Brasil y el mundo.


Caminando por las dunas

Salimos desde Sao Luis junto a una pareja de motociclistas brasileros, quienes vienen desde Belem tomándose unas vacaciones en moto. Leandro y Mariam, él viene en una Teneré 250, y ella en una scooter. Para Mariam es el primer viaje “largo” que realiza, y viene a su ritmo, pero fascinada con la experiencia. En Barreirinhas nos estaba esperando Jesús, quien nos ofreció alojamiento a los cuatro, así que ese día compartimos ruta hasta su casa. 

Jesús y su familia nos acogieron como si todos fuésemos familiares cercanos, nos brindaron un espacio en su casa. Tuvimos la oportunidad de compartir con ellos en este clima de fiestas de fin de año y conocer más a su padre, quien es un gran músico, nos deleito con unas canciones en portugués de Roberto Carlos y otros artistas, cada canción la cantó con su estilo, con su encanto, y nos transportó en el tiempo, los cabellos se nos erizaron, aun hoy, mientras escribo estas líneas me hace sentir una nostalgia que no logro identificar en un tiempo y un espacio indeterminado, pero el sentimiento, profundo y agridulce está ahí, como algo placido que extrañas, que echas de menos, algo que te hacía feliz y ya no está, una cierta añoranza que no puedo explicar.



Disfrutando de una inolvidable serenata

En este pequeño y tranquilo pueblo, el turismo está recién creciendo, pronto el gobierno deberá hacer algo al respecto porque el uso del lugar es indiscriminado. El principal atractivo son las lagunas de colores turquesas que se acumulan en medio de este candente desierto, porque sí, en el norte de Brasil también hay desierto.

La vía de acceso es muy complicada, ya que el “camino” va por sinuosas dunas de arenas blancas que suben y bajan hasta llegar a las lagunas. Solo se puede ir en vehículo 4x4 o cuadrimoto. Hay gente que se aventura a pie, pero son varios los km que hay que recorrer bajo el abrasador sol del desierto maranhense.

Esta no es la mejor época para visitar los Lençóis, pero decidimos aventurarnos de todas formas, dicen que la mejor temporada es después de las intensas lluvias, entre junio y septiembre, la peor época es de diciembre a marzo, justo ahora. Leandro nos ayudó a negociar el ticket con las agencias de turismo que hacen esta ruta, como él es brasileño, no le costó nada negociar el precio para los cuatro, en cambio como nosotros no hablamos bien portugués, a veces nos quieren cobrar un poco más caro.  

Consiguió un precio de 60 reales por persona en las camionetas 4x4 especialmente acondicionada para esta travesía. No suena tan caro, son unos 12 mil pesos chilenos cada uno, pero acá 60 reales debe ser el equivalente a 30 mil pesos chilenos, y debido a que no hablamos el idioma no hemos podido hacer charlas ni conferencias, por lo que nuestros recursos se están acabando rápidamente en Brasil.

El viaje desde Barreirinhas dura unas 4 horas ida y vuelta considerando bastante tiempo para recorrer las dunas y las lagunas. Aunque nos dieron la posibilidad de ir en la mañana o en la tarde, la agencia nos recomendó ir en la tarde para ver el atardecer. También nos aconsejaron llevar una merienda ligera debido al intenso calor y mucha agua. El bloqueador solar es obligatorio, al igual que un gorro para cubrirnos del sol y lentes oscuros. Yo agregaría también camisas o poleras de manga larga, el sol realmente quema mucho debido a la blancura de sus arenas que reflejan el sol como estar en la nieve.



Para entrar al parque hay que cruzar un río en barcaza, tanto el valor del cruce como la entrada al parque están incluidas en el ticket. La diversión comienza inmediatamente ya que la barcaza es bien precaria y suben varias camionetas con sus respectivos pasajeros. Una vez que ya estamos en la otra orilla, la aventura se vuelve más vertiginosa, pues las camionetas se mueven a alta velocidad cuando el espacio lo permite, haciendo que parezca una verdadera una montaña rusa entre las dunas.





Antes de llegar a espacio abierto, comenzamos a dejar atrás esta vegetación que rodea las dunas y las lagunas

El espacio es amplio, por lo que cada una de las camionetas elige una huella diferente para circular. No es un desierto completamente árido como el que estamos acostumbrados, hay algunos árboles y vegetación a nuestro alrededor, de baja altura pero lo suficientemente espesa para aislarnos del resto de los vehículos que se dirigen a los Lençóis, entre los árboles se pueden ver claramente los surcos de otros vehículos 4x4, haciendo que sea muy fácil seguir el rastro en la arena. Luego de unos cortos y saltarines minutos, vemos la aglomeración de camionetas y jeep esperando a los turistas, hemos llegado al punto donde nos debemos bajar y continuar la exploración a pie.



Es temporada baja y no ha llovido hace más de un mes, sin embargo hay muchas camionetas y mucha gente que viene a descubrir lo que se nos promete, imagino que en temporada alta debe estar atiborrado de gente, quizás no se puede ni transitar por las blancas dunas que nos enceguecen debido al brillo del sol.

Es fácil saber hacia donde caminar, pues toda la gente se mueve como una gran serpiente en la arena, de allá para acá, lentamente a medida que los pies se hunden en la suave arena. Hasta ese momento aun no estoy impresionado, pero ha sido divertido y una sonrisa se dibuja en mi rostro, pese a que las fotos de la agencia eran demasiado buenas y en otra época, hasta ahora no se ven los colores de los afiches. El guía nos dedica unas palabras que son fáciles de entender, normas de seguridad, el horario de regreso, protegerse del sol e hidratarse mucho. Pues en este momento quedamos más o menos libres, de ir hacia donde queramos y recorrer las dunas a nuestras anchas.

La decepción viene rápidamente, no solo por la gran cantidad de gente que tenemos delante, sino porque las lagunas están casi completamente secas, por lo que no podemos verlas en su esplendor como esperábamos, pero era una situación esperable por la época. Nos metemos un rato al agua a ver si se nos pasa “la maña”, pero esta tan baja que no llega ni a las rodillas.






Nos quedamos un rato sentados en la arena, contemplando lo que vemos, como la gente y los niños se revuelcan en esas aguas bajas, haciendo que sea casi lodo. Y es que los brasileños son muy descomplicados y poco prejuiciosos, son sencillos y disfrutan lo simple.

Precisamente este era uno de nuestros mayores temores, perder la capacidad de asombro. Después de haber visto tantos desiertos, tantas dunas, tantos ríos, lagos, mares, cascadas, selvas y experiencias extremas, tu mente y tus ojos dejan de impresionarse.

Pasan algunos minutos, Susan y yo apenas cruzamos palabras, y el guía nos pregunta si queremos salir a caminar, inicialmente le digo que no. Leandro sale del agua y Mariam dice que se quedará cuidando las cosas, que no tiene ganas de caminar. Leandro decide ir con el guía a caminar por las ardientes dunas, unos 30 minutos para averiguar si la otra laguna tiene más agua. Calculo, media hora de ida, y media de vuelta caminando en el intenso calor, ¿solo para ver si es que hay otra mejorcita? Al comienzo no estuve de acuerdo y Susan dudó. En pocos segundos evaluamos mientras el guía se alejaba con un puñado de gente. ¿Qué es mejor, quedarnos aquí sentados el resto de la tarde, o vamos a ver que hay más allá?

Nuestra curiosidad nos gana, la mayoría de la gente se quedó en la primera laguna, y muchos más se quedaron en la segunda al ver que estaba completamente seca. Pareciera que entre más lejos íbamos, más seco estaba todo, los árboles también desaparecieron.

La primera grata sorpresa, no fueron 30 minutos, fueron solo 15 o menos, y la segunda sorpresa, fue la formas de las dunas, caminar entre ellas nos dejaba ver algo de vegetación que volvía a aparecer a lo lejos, y la forma sinuosa que tienen los ríos cuando hay lluvias, sin dudas nuestro ánimo comenzó a cambiar. Y finalmente la recompensa, esta laguna sí tenía más agua, al menos hasta la cintura, era más amplia y rodeada de árboles pequeños. 

Esta laguna es llamada la Lençóis Preta, ya que a diferencia de las demás, sus aguas no son de color turquesa, sino oscuras, y se encuentra rodeada de vegetación, según nos dice el guía es la única laguna que permanece con agua todo el año.





Nos sacamos la ropa para meternos a nadar, el agua estaba fresca pero no fría y nos llegaba hasta la cintura, algunos peces pequeños se acercaron a inspeccionarnos y a mordernos de vez en cuando, se ve que Susan es más sabrosa que yo, pues los mosquitos siempre la prefieren a ella, y esta vez los peces también. Las refrescantes aguas se llevaron el calor que sentíamos y también se llevaron gran parte de nuestra decepción. Pero lo que cambió realmente nuestro ánimo y nos hizo saltar como niños fue ver algo de fauna. Una serpiente, grande, una de las más grandes que hemos visto, pasó a escasos centímetros de nosotros, el guía se queda lejos pues dice que es venenosa, lamentablemente no recuerdo el nombre.






Que alegría haber venido con el guía, haber escuchado esa vocecita que siempre nos invita a ir un poco más allá. Haber recorrido un poco más del parque y habernos maravillado con estas vistas. Sin dudas los lugares muchas veces los hace la gente, pero muchas otras, los haces tu mismo, tu propio ánimo. Y en esta ocasión el ánimo fue in crecendo.

Regresamos al punto de llegada para ver el atardecer y reunirnos con Mariam, no tuvo los colores rojos que pensé, pero sí un amarillo encendido en el horizonte furioso. Quizás no fue lo que esperábamos, quizás no vimos lo que veníamos a buscar, pero encontramos algo más, algo que esta más allá de la vista, y recuperamos la capacidad de asombro en algo tan sencillo, pensamos que no valía la pena haber ido, pero nos equivocamos, valió completamente la pena aquella experiencia. 







Mientras nos alejamos en las camionetas, el atardecer comenzó a cambiar de color y el cielo se encendió de color azul y púrpura, una despedida hermosa para una experiencia hermosa. Sabemos que algún día deberemos volver a visitar esta zona en una época más propicia, pues sin duda lo que ofrece este lugar es único.

Doy gracias a Dios, a la Vida, al Universo como dicen los hippies de ahora, al Viaje y a mi hermosa aventurera Susan, por estar viviendo todas estas experiencias juntos, compartir este estilo de vida que hemos elegido con la persona que amo, realmente es invaluable.

Los invito a seguir nuestras aventuras y descubrir qué fue lo que ocurrió en Jericoacoara, porque tuvimos que quedarnos más tiempo del planeado, y cómo fue el año nuevo en Brasil!!


Rumbo a Jericoqoara

Agradecemos a nuestros amigos y familiares, por estar siempre cerca y apoyándonos, sobre todo en esta época de fin de año, de balances y donde se extraña más que nunca a la familia.

Y a nuestros colaboradores; Relieve, Honda Colombia,  Honda Brasil, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.