14 oct. 2017

San Cirpiano: Una aventura en la selva

Este curioso medio de transporte es el que se utiliza para llegar al pueblito de San Cirpiano en Buenaventura

Cali es llamada la Sucursal del Cielo, ahí nos estaba esperando Andrés y Paula, amigos que hicimos la vez anterior que pasamos por esta ciudad.

La principal razón de volver a Cali es realizar las mantenciones a nuestras Falcon Rockeras pues aquí se encuentra la ensambladora de Honda. La moto de Susan es la que requiere más atención pues necesita los discos de embrague. 

Por encargo de Santiago Avalo, Gerente de Honda Cali, nos dirigimos a Honda de la Carrera primera con la 22. Toda la gente nos salió a recibir con los brazos abiertos, nos sacamos algunas fotos con los trabajadores y les contamos de nuestro viaje. Nos hicieron sentir como verdaderos Very Important People. Esa sensación es indescriptible, realmente un sueño que el gigante de Honda nos este apoyando tanto. 





Luego de un par de días, ya teníamos a nuestras Falcon Rockeras de regreso y como nuevas. Cambio de aceite, cambio de filtro de aceite, kit de arrastre completo para las dos motos, revisión de las guayas (cable de embrague y acelerador, y en el caso de la moto de Susan, cambio de discos de embrague, todo corrió por cuenta de Honda y Fanalca S.A. 

Muchas gracias nuevamente a Honda Colombia y sobre todo a Santiago Avalo por el incondicional apoyo que nos dieron durante todos los meses que pasamos en el país cafetero, estaremos por siempre agradecidos con ustedes, y lo más increíble, es que nunca nos han pedido nada a cambio, ni una foto, ni publicidad, nada a cambio del apoyo. 





Honda Colombia nos hizo realidad el sueño de todo viajero, que la marca de tu moto te apoye mientras viajas, con mantenciones y repuestos. Le han hecho honor al eslogan de la compañía. The power of dreams. Y nosotros más felices y orgullosos que nunca de realizar esta travesía en 2 motos Honda, porque Honda es Honda.  

Ya con la moto de regreso nos dispusimos a realizar una ruta junto a Andrés y Paula, ellos nos habían hablado mucho de Buenaventura y San Cipriano, lugares que quedan en el Pacífico colombiano. San Cipriano es una reserva que está en medio de la selva, dicen que su mayor atractivo son las cristalinas aguas del río, que gracias a los reflejos del sol, sus aguas se ven turquesa y esmeralda. 

El camino que va desde Cali a San Cipriano está casi todo en muy buen estado, la carretera la han mantenido bien y en algunos tramos están reparando para mejorarla. Luego de unas 2 horas y media llegamos al sector de parqueaderos, los cuales son horriblemente caros! Cinco mil pesos colombianos diarios y siete mil la noche, como íbamos por el fin de semana, la módica sima de 17 mil pesos. Menos mal Susan y yo fuimos en una sola moto. De todas formas Andrés nos pagó el parqueadero. 

Y desde ese punto comienza la aventura pues debemos cruzar un caudaloso río por un puente colgante muy bien diseñado para llegar al otro lado y coger el medio de transporte en la línea del tren. Pero no es un tren el que te viene a buscar ni caminas por los rieles como en Machu Pichhui (aunque se parece mucho), sino que hay un invento bien particular para movilizarse hasta el pequeño pueblo entre la selva de San Cipriano, y a este transporte le llaman "brujita". 






La brujita es un carro artesanal hecho para transportar pasajeros, hasta 7 pueden ir, la tracción es realizada por una motocicleta común y corriente!! Mientras veía ese espectáculo, pensaba por un lado, nos vamos a matar, y por otro pensaba en lo entretenido que debe ser poner ahí a la Falcon y correr por los rieles.

Nos acomodamos lo mejor que pudimos en los estrechos asientos y comenzó la travesía motorizada por la selva. Caminando toma algunas horas, pero en "brujita" son sólo minutos. Cuando dos se encuentran de frente, pues hay que bajarse, entre todos sacar el carro y dejar que pase uno primero, lo mismo si viene el tren, hay que dejarlo pasar. Por fortuna nosotros llegamos sin tener que hacerle el quite al tren. Para ingresar a la reserva hay que pagar solamente 2 mil pesos.      




Al costado de la línea del tren encontramos algunos caserios muy pobres. Cada vez que vemos estas casitas a la orilla de la carretera nos preguntamos de qué vivirán, pero aquí, en medio de la selva, ni me lo puedo imaginar. 

Nos dispusimos a buscar alojamiento, se puede acampar pero como es sólo una noche no llevamos carpa. Encontramos habitaciones decentes para 2 por 40 mil pesos, pero logramos regatear hasta 25 mil cada pieza, con ducha y sin wifi


Las callecitas del pueblo San Cirpiano con construcciones de madera o a medio terminar, no es que haga frío, pero como está en la selva del pacífico, llueve mucho

La comida también es cara, un plato estándar parte en 12 mil pesos y fácil puede costar 20 mil. La cerveza estaba a un precio razonable así que nos alimentamos del brebaje de los dioses del rock! Ok, ok, también almorzamos en un restaurante. 

Como ya mencionamos, el principal atractivo es el río, alquilan neumáticos (cámaras) de camión para lanzarse desde la parte alta del río Cirpiano hasta el pueblo. Hay tramos donde el río es bien profundo, más de 10 metros incluso. 






Por 10 mil pesos colombianos alquilamos los neumáticos y realizamos la
caminata por la selva. No recuerdo bien cuanto tardamos, es todo en subida y debe haber sido una hora aproximadamente. 

Debido a las recientes lluvias el Guarda-parques nos recomendó no ir; "Vayan bajo su propia responsabilidad"

Nos miramos con sonrisas nerviosas y dijimos, "bueno vamos, qué puede pasar?". A penas comenzamos la travesía por las turbulentas aguas Susan se dio vuelta pero no se golpeó y pudo recobrar el rumbo. En los próximos rápidos yo salí disparado por el aire cuando el neumático rebotó en el agua. Batallé y luché un rato tratando de subirme porque estaba tan hondo que no tocaba el suelo. Luego Paula perdió el flotador por lo fuerte de la corriente, me adelante nadando lo más rápido que pude hasta que lo alcancé y lo pude recuperar.  




Así seguimos por un rato, a veces parando donde estaba el agua calma para descansar y jugar en los profundos pozones. Nos volvimos a poner el DPF (Dispositivo Personal de Flotación o mal llamado, chaleco salvavidas) y nos aventuramos otra vez en las rápidas aguas. 

Hasta que en un momento todos menos Susan quedamos atrapados en un remolino del cual no podíamos salir. Con la ayuda de Andrés intenté yo primero, y al segundo intento pude alcanzar la orilla. Luego Paula, uno, dos intentos y nada. Algo cansada decide no volver a intentar y junto a Andrés buscan otro medio. Luego de mirar, medir y planificar logran encontrar un lugar por donde salir caminando. 







Nos vamos a la deriva

El río era muy caudaloso, no nos podíamos mover con facilidad. Al rato llega un grupo con sus neumáticos y nos cuentan como es que varias personas se han ahogado en ese mismo remolino. De la que nos salvamos. 







Paula decide continuar a pie por el camino principal, nosotros seguimos a la deriva bajando por la corriente del río. A esta altura el río ya no venía con tanta agua ni tanta fuerza pues tenía menos pendiente por lo que no iba tan rápido. Así fue que a los pocos minutos y sin ningún otro contratiempo llegamos hasta el comienzo, hasta el pueblo. 

Fue una aventura extraordinaria, nadamos y nos dejamos llevar por la corriente. Saltamos desde rocas altas hacia los pozones, descansamos al sol y al resguardo de los árboles. Pronto haremos un video pues grabamos casi todo el trayecto mientras íbamos a la deriva río abajo y haciendo como que teníamos el control.    



Los esperamos para la próxima aventura en Neiva, acampamos en el Desierto de la Tatacoa y San Agustín, un pequeño pueblo que vive del turismo arqueológico. Los invitamos a seguir Motografiando con nosotros Al ritmo del Paisaje. 

Agradecemos a las marcas que han creído en nuestro sueño y que de alguna forma se han hecho parte de la Expedición en Moto. 

Relieve, Honda Colombia, Liqui Moly, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.