2 ene. 2018

El Oasis de la Huacachina


Llegando a Lima Susan pinchó, por suerte justo afuera de una vulcanizadora, cruzamos la calle sin carga, y yo me llevé el bolso de expedición de Susan en mi moto

Reparando el pinchazo

Después de Cerro de Pasco fuimos a Lima donde pasamos solo una noche. Nos arrepentimos inmediatamente de haber regresado a la capital peruana por el terrible y caótico tránsito que la caracteriza, sin embargo, ya habíamos coordinado con Hans Ferdinand para pasar a recoger los aceites y lubricantes de cadena Liqui Moly, quienes nos están apoyando en esta travesía, por lo que nos estaban esperando. 

Liqui Moly nos ha apoyado en Colombia, Ecuador y ahora en Perú. Todos los representantes de Liqui Moly nos han recibido muy bien, pero aquí en Lima han dejado la vara muy muy alta. Sabina y Sebastian nos trataron como si realmente fuéramos pilotos oficiales de la marca. Muchas gracias nuevamente a Liqui Moly por confiar en nosotros y apoyarnos en nuestra aventura.  


Liqui Moly ha sido un apoyo indispensable en nuestra travesía por Sudamérica (y miren mi pinta, todo embarrado junto a los gerentes)

Ya en Ica nos reunimos con nuestra amiga Gisela, quien nos esperaba hace mucho tiempo. Allí tuvimos la fortuna de coincidir con un gran viajero, Guatavo Haran, quien ya ha recorrido parte de Sudamérica en viajes previos y ahora venía llegando de Alaska en su fiel y aperradora Falcon 

Muy cerca de la ciudad, apenas a 8 Km, se encuentra una enorme extensión del desierto peruano, una carretera asfaltada en su totalidad permite acceder al oasis que ha vuelto tan famosa a esta ciudad, la Huacachina ("La mujer que llora"), llamada así en honor a la leyenda que ronda en torno a la existencia de este oasis en medio del desierto. 

El Oasis de la Huacachina era uno de los lugares pendientes que nos habían quedado el año pasado cuando pasamos por aquí, ahora sí podríamos visitarlo. Tal y como se ve en las películas, el oasis es una “laguna” pequeña de agua dulce con palmeras en medio del desierto, aunque hoy es "menos natural", ya que debido al cambio climático ha comenzado a secarse, por ello el gobierno ha decidido bombear agua hacia la laguna y así poder mantenerla. 



Un verdadero oasis en el desierto

A su alrededor se ha construido un gran malecón, con muchos restaurantes y vendedores informales. También se realizan varias actividades para divertirse en las dunas, como sandbord y paseos en buggies, o en la laguna, donde se realizan paseos en bote. Una de sus orillas esta reservada para el baño, allí se juntan los bañistas mientras otros se esconden entre los árboles para escapar del inclemente sol.

Nosotros recorrimos largo rato las dunas, hasta el atardecer, subimos lo más alto que pudimos para contemplar el paisaje en su totalidad. El desierto se pierde en el horizonte, una duna sucede a la otra hasta el infinito, hacia el este se ve entre las dunas la ciudad de Ica, y como un pequeño punto verde, el oasis de la Huacachina.







Recorriendo las dunas a pie


Admirando la belleza... 

El oasis al atardecer

Gisela es chef, y nos deleitó con una torta de pisco sour muy rica, además de permitirnos probar muchas de las delicias que prepara para sus clientes. Acá aprovechamos de lavar ropa y compartir historias con Gustavo y Gisela, quien ya fue hasta Colombia en moto y ahora planea su viaje a Ushuaia. Nos despedimos alegremente y con un poco de nostalgia, pues le tenemos mucho cariño a Gissela, ella es una gran amiga. 


Torta de pisco sour



Las delicias que prepara Gisela

En estos dos años de travesía que llevamos por Sudamérica es primera vez que compartimos ruta por tantos días con alguien, no lo hacemos por diversos motivos, pero la conexión con Gustavo fue inmediata.

Salimos de Ica rumbo a Tacna, sabemos que son muchos kilómetros y que tendríamos que hacer una parada intermedia, quizás en Camaná, sin embargo tuvimos que hacer un par de paradas improvisadas debido a que Susan pincho llegando a Nazca.

No manejamos de noche, y Gustavo tampoco, así que antes del anochecer decidimos buscar donde dormir, aunque en la inmensidad del desierto de Perú, que abarca todo el país por la costa, desde Tacna hasta Tumbes, no es fácil encontrar un lugar seguro. A lo lejos vimos unas luces, que podrían ser una ciudad o un pueblo, la aplicación que usamos para estos casos, MAPS.ME, marcaba un caserío. resulto ser apenas un par de casas en torno a una estación de combustible, no habían hoteles y los restaurantes estaban cerrados. El lugar se llamaba “Algo de las Lomas” (no recuerdo bien el nombre). 






Primero buscamos algo para comer y algo caliente para tomar, el día había estado muy cálido, pero ahora el frío del desierto nocturno comenzaba a calar los huesos. 

Luego de comer unos sándwiches y tomar un café, decidimos ir a pedir permiso para dormir en la estación de servicio, pues literalmente estábamos en medio de la nada. El siguiente pueblo estaba muy lejos. 

Ahí armamos la carpa de Gustavo que es más grande y dormimos los tres. Al siguiente día, no tan temprano, ya que Gustavo tampoco es madrugador, salimos hacia Camaná. Gisela nos había dicho que tenía un contacto allá, así que Gustavo los llamó para saber si nos podían recibir. 



Acampando en la ruta

Nick nos estaba esperando y junto a Jordi nos llevaron a la casa Campo El Bolo, un restaurante de campo en Camaná donde reciben viajeros. El restaurante se encuentra e medio de la ciudad, aunque no lo parece, pues se halla rodeado de campos de arroz. Su gente es muy buena y amable, nos recibieron con gran hospitalidad, nos invitaron a comer y a quedarnos cuanto tiempo quisiésemos. Ayudamos en algunas labores durante nuestra estadía en la Casa Campo El Bolo. 


Almorzando en la Casa Campo El Bolo

Oficina improvisada al aire libre


Atardecer en Camaná

Camaná tiene muchos campos de arroz

Haciendo como que trabajamos

En Camaná coincidimos con el aniversario del pueblo, que fue fundado en 1539, cumpliendo este año, 478 años. Fue una gran y multitudinaria celebración, que incluyó un excelente show de fuegos artificiales. 

Seguimos de Camaná a Tacna, cuando quedaban unos 60 kms para llegar, Susan volvió a pinchar la rueda trasera. Resultó que el neumático se había roto por dentro haciendo que se rompiera la cámara. Tuvimos que comprar otro en Tacna.


En dos días pinchó todo lo que no había pinchado en 2 años

Eran las 9 de la noche, sacamos la rueda y Gustavo se ofreció para llevarla a Boca de Río el siguiente pueblo que estaba a unos 6 kms de distancia. Ahí esperamos con Susan largo rato. Mientras esperábamos, se nos acercó un policía a ver cómo estábamos. Fue muy amable, pero nos dijo que no había "llantero" sino hasta Lima. 

Por su lado Gustavo buscaba donde reparar la cámara, a esa hora estaba todo cerrado. En una tienda encontró unas personas que lo orientaron, uno de ellos lo acompañó donde el llantero del pueblo, quien a esa hora ya había cerrado y estaba acostado, pero se levantó y atendió a nuestro amigo. El hecho que la persona que acompañó a Gustavo fuera el Juez de Paz del pueblo ayudó mucho. 

Al rato Gustavo volvió con la "llanta" reparada, y nos apresuramos a volver a la misma tiendita donde estaba el Juez de Paz, pues él estaba compartiendo unas cervezas con unos amigos, y era lo único abierto que quedaba a esa hora. 

Ahí pudimos comprar unos sandwiches mientras el Juez conversaba con sus amigos. Todos resultaron ser personas importantes e influyentes de Boca de Río. Conversaban amenamente sobre la posible clasificación de Perú al mundial frente al partido que tenían con Nueva Zelanda. 

Preguntamos si sabían donde podíamos poner la carpa sin molestar a nadie, bromearon un rato con nosotros enviándonos a la iglesia o al jardín del juez del pueblo. Finalmente él mismo nos invitó a dormir a su casa. 


Mega desayuno para los cansados y hambrientos viajeros

Nuestra habitación por una noche

Felicidades a los peruanos que clasificaron al mundial Rusia 2018!

Es una bella casa a la orilla de la playa, ahí nos acomodó en una habitación con varias camas, todo muy cómodo. Al siguiente día nos tenía un tremendo desayuno preparado, conversamos largamente con él, muy simpático. Era divertido hablar con él de fútbol, ahí estábamos, chilenos, argentino y peruanos hablando de fútbol, una pasión de une y divide por igual. Pero ese día nos unió, y estamos muy agradecido del trato que nos dieron, y que nos han dado los peruanos en su tierra. 

En el próximo relato les contaremos sobre Tacna, Arica, Putre y el viaje express de Susan a Santiago (del cual casi nadie se enteró)

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Bitácora de Ariel Cantillana R.