14 nov. 2017

El Parque Arqueológico de San Agustín

Cuando vimos esa cabaña, pensamos que se trataba de un mal entendido, pues sabíamos que no podríamos pagarla...

Don Armando nos fue a buscar a la entrada del pueblo para llevarnos a su casa.
Natalia de Neiva nos había puesto en contacto previamente con él y nos dijo que tenía una casa en el campo a las afueras del pueblo. Nosotros habíamos asumido que nos dejaría poner la carpa en su terreno, sin embargo la sorpresa fue muy grande cuando llegamos al lugar y vimos las cabañas que tiene para alquilar, pensé inmediatamente: -Esto es un mal entendido, no podemos pagar algo así.

Don Armando muy amablemente nos muestra la cabaña que nosotros íbamos a usar, y sabiendo que no podríamos pagarla le preguntamos cuanto cobraba por las cabañas. 

-50 mil pesos (colombianos).- Fue su respuesta dubitativa, y antes que le pudiéramos decir cualquier cosa, nos dice él: - pero a ustedes no les voy a cobrar, se pueden quedar aquí sin problemas… 

Susan y yo no lo podíamos creer. Son cabañas muy elegantes, bien arregladas y acondicionadas, de verdad un hermoso sueño. Los regalos por el cumpleaños de Susan no paran, y lo más maravilloso, ¡tiene agua caliente de verdad! 

En esa hermosa cabaña pasamos los siguientes días mientras recorríamos los alrededores. Debido a las fuertes lluvias hubo un par de rutas y lugares a los que no pudimos acceder, el barro no dejaba pasar ni siquiera a los 4x4. Sin embargo la mayor atracción de este pueblo es el parque arqueológico, y a ese sí pudimos ir. 

En temporada alta don Armando trabaja como guía de turismo, por lo que conoce a todo el mundo. Nos acompañó hasta la puerta del parque para intentar conseguir que pagáramos un poco menos. Luego de conversar un rato con alguien, nos cobraron solamente 10 colombianos a cada uno, la mitad del precio normal para extranjeros. 






El Parque Arqueológico San Agustín cuenta con baños muy limpios y bien equipados, un museo muy interesante, rutas y senderos bien señalizados y en muy buen estado. Un largo circuito de unas 2 horas aproximadamente que te lleva por el bosque para ir contemplando unas estatuas monolíticas muy grandes, sarcófagos y tumbas que una antigua civilización dejó en este lugar. 






La mayoría de estatuas y sarcófagos están en muy buen estado, es impresionante el misterio y el buen trabajo para esculpir y mover aquellas toneladas de piedra y rocas. Es un recorrido muy interesante, con algunos letreros de información que te cuentan un poco más sobre esta antigua y desaparecida civilización. Este parque arqueológico es uno de los más importantes de Colombia, en 1995 fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.







En el Museo que se encuentra al interior del parque podemos aprender mucho más sobre este lugar, considerado la Necrópolis más grande a nivel mundial. Muchas de sus piezas ya no están aquí, sin embargo hay muchas otras que los ladrones de tumbas no saquearon del todo, y podemos observar lo importante que era la muerte para esta cultura.

Le agradecemos enormemente a don Armando y su hermosa familia por los maravillosos días que nos permitieron pasar en San Agustín, pero antes de seguir hacia Ecuador, hicimos una última parada en Mocoa que se ubica en el Putumayo. 

El Putumayo solía ser una enorme porción de selva virgen, espesa y salvaje, rica en culturas indígenas, flora y fauna, pero también rica en petróleo y caucho. Fue por este último que se desataron conflictos entre los países cercanos, todos querían poseer esa riqueza. Para su extracción deforestaron, esclavizaron y exterminaron a los indígenas de la zona.  La Casa Arana "cazaba" a los indígenas para trabajar en las caucheras, los bajos salarios se iban en arrendar las herramientas para trabajar en el caucho, herramientas que alquilaban a sus mismos patrones y dueños. 

Fueron muchos años de abusos y exterminios. Parte de este abuso han sido relatado en el libro de Mario Vargas Llosa que leemos actualmente, El Sueño del Celta. En él deja de manifiesto las atrocidades cometidas en el Congo, Colombia y Perú.   

Hoy las petroleras siguen hiriendo a la Amazonia, contaminando sus aguas, talando sus árboles, desplazando su fauna y sus tribus, que solo han encontrado refugio en la Reserva de la Biósfera Yasuni en Ecuador, la cual alberga al menos 7 tribus distintas, 2 de ellas no contactadas.

Al llegar a la región del Putumayo la deforestación impacta, no existe esa espesa selva que esperábamos encontrar, por el contrario se ven amplias praderas donde pastan vacas. Con el tiempo la ganadería, junto con la explotación del petróleo, se ha transformado en una de las principales actividades económicas de la región.

Esta deforestación tiene su precio, y recientemente se ha manifestado en desastres naturales que han puesto en el tapete la importancia de cuidar y preservar los ecosistemas.

En febrero de este año, dada las intensas lluvias que azotaron gran parte de Sudamérica, provocando inundaciones y aludes en Perú, Colombia y Ecuador, se dejó ver el problema de la deforestación en el Putumayo. En ese momento un gran alud inundó casi por completo la capital del departamento, Mocoa, matando a centenares de personas y dejando a muchas más sin hogar. Aun se observa parte de esa destrucción en las calles de Mocoa, pero luego de un año de este desastre la gente intenta ponerse de pie y reconstruir sus vidas en ese mismo lugar. ¿Después de todo a donde podrían ir? 

Para nosotros el Viaje Continúa descubriendo nuevos lugares en las Falcon Rockeras. Los invitamos a seguir nuestras aventuras en la selva, donde trataremos de embarcar las motos desde El Coca hasta Manaos. Ya les contaremos en el próximo relato los detalles y los costos. 


Agradecemos nuevamente a nuestros amigos y colaboradores; Relieve, Honda Colombia, Liqui Moly, Cardo Scala Rider, Mx Metzeler Chile, Honda Adventure, Año 1, Bujías Brisk Chile, Trail on Fire, Loretta Motos Chile, Indo Trail, MotoCenter, ProCircuit, y Moto-K.


Crónica por Susan Arias y Ariel Cantillana.